Alcaldesa y Junta Central (vaya nombrecito) "respetan la libertad", pero piden moderación a los artistas advirtiendo que se supervisará la "decencia" de la Exposición del Ninot. Allí, unas monjitas se quedaron ya sin consolador, y también se dice que desaparecen crucifijos de los bocetos, preservativos de las fallas... Hasta el Consell Valencià de Cultura ha tenido que pedir al gremio tradicionalmente más deslenguado que no acepte censuras ni caiga en la autocensura. Incluso quienes nos sentimos tan lejos, por la coentor que acabó impregnando los trajines de la fiesta (inicialmente pagana y después descarada), empezamos a interesarnos por un debate en el que se profieren palabras mayores: nada menos que libertad de expresión.
Uno de los filones favoritos para inspirar la "creatividad" fallera hemos sido las mujeres y nuestros presuntos, múltiples defectos. Contra ellos se ha ejercido un sarcasmo a menudo burdo, sin gracia ni inteligencia, basado en la representación de media humanidad (a la que paradójicamente se dice homenajear a través de la Fallera Mayor) como un conjunto de seres entre los que campa la abyección, la pereza, la codicia; parásitos que dominan y exprimen, blandiendo culos y tetas como arietes invencibles, a los pobrecitos varones. Cada vez que desde posiciones feministas se ha señalado esta obsesión compulsiva la respuesta ha sido la misma: no valen gazmoñerías, el artista ha de poder plasmar lo que le plazca. Y justamente ahí es donde se le nota al libre albedrío su carácter de entidad relativa, porque queda demostrado que la mitad de la población somos menos libres que beatos, santones y profetas a la hora de exhibir nuestra sensibilidad herida: ved que la sola presencia (incluso sin mediar burla) de algunos símbolos religiosos, ha desatado todo un rifirrafe sobre los límites de la libertad que debería estar haciendo felices en las bibliotecas a Platón, Rousseau, Sartre o Leibniz.
"Libertad es elegir". Recurría recientemente Luis Antonio de Villena a la máxima aristotélica en un artículo publicado en El Periódico de Catalunya bajo el epígrafe Prostitución en libertad. El título dice lo todo: la tesis es que muchas putas deciden serlo por iniciativa propia, y parece mentira que gente laica participe de los prejuicios cristianos sobre la carne pecadora y se oponga a la legalización de esta "profesión". Josep Lluís Barona, en Levante, al menos nos ahorra filosofías. Sólo recurre a la Historia y defiende la reglamentación como método para luchar contra las mafias, aunque la Historia más reciente (¿merece mayúsculas?) demuestre que de ningún modo ocurre así.
Lo que sí certifica la Historia es que algunos romanos mayores de 20 años podían vender su independencia y convertirse en siervos. Y si aceptamos que la libertad propia tiene que ver con la del conjunto, tal suicidio moral les podría proporcionar unos denarios para saldar deudas, pero a cambio también estaba facilitando coartada a quienes defendían la esclavitud como un aceptable sistema de relación laboral.
Algunas prostitutas dicen haber optado, es cierto. Y que prefieren abrirse de piernas a limpiar por 7 euros la hora, o trabajar de periodistas por 3. Villena alega que también es por necesidad y poco "vocacional" lo de bajar a una mina o poner tornillos en cadena. Pero no pueden ser equiparables estas tareas, penosas sin duda, a lo que acarrea poner precio a una facultad que ejercida gratuitamente tanto tiene que ver con el placer, la comunicación y el mundo de los afectos. El andamio siempre es por la paga, pero sexo por dinero comporta la máxima "cosificación" de quien se alquila, sea hombre o mujer.
Y aunque se trate tan sólo de "dejarse mirar". Durante los polémicos desfiles de ropa interior para promocionar cementos en Cevisama, las modelos sacaron a la pasarela grandes carteles pregonando "Somos mujeres libres y hacemos esto porque queremos". Ellas se estaban ganando el pan, pero aunque no se sientan vejadas su utilización mercantil nos humilla a todas. Además, la Historia también enseña que los déspotas pueden obligar a sus vasallos a entonar con entusiasmo himnos de libertad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006