"Es nuestro modo de subsistencia y nuestra herencia". Inma Ramón, agricultora de 29 años, personificó ayer la resistencia de casi un centenar de familias a dejar sus campos en la Vera de Alboraia, en una jornada en la Universidad Politécnica sobre "la amenaza a la huerta valenciana y su entorno". Un proyecto urbanístico del Ayuntamiento de Alboraia, dirigido por el popular Manuel Álvaro, pretende trasladar a 400.000 metros cuadrados de huerta en producción el centro de Alcampo en Port Saplaya, donde se edificarán viviendas de lujo, dos hoteles y nuevos amarres. Los afectados por esta operación, como explicó Inma, no ven interés general ni social que justifique la desprotección del suelo agrícola en el que se ganan la vida con el cultivo de chufa y otros productos con el fin de plantar un centro comercial.
El concierto previo para la revisión del plan general reconoce el valor de la huerta
Inma Ramón, miembro de Salvem L'Horta-Vera Alboraia, destacó que el hormigón no sólo amenaza su modo de vida, sino "un pulmón verde" junto a Valencia, argumento que retomó en su intervención el arquitecto y urbanista Carles Dolç, quien recordó que "L'Horta es una comarca singularísima" precisamente porque se asienta sobre una zona de cultivo. Manchas verdes que debe conservar si quiere "una perspectiva de calidad de vida".
Los mapas de crecimiento urbano a partir de 1912 que proyectó Dolç muestran el retroceso constante de la huerta de Valencia y su área metropolitana, y en el caso concreto de Alboraia. En la memoria del concierto previo, documento en el que se fijan los criterios de modificación del plan general urbano que deberá aprobar la Consejería de Territorio, el Consistorio reconoce que la huerta de la Vera está "en plena productividad" y atesora un "valor patrimonial que supera el valor económico" de sus cosechas. Sin embargo, el mismo texto consagra la huerta al sur del Carraixet hasta el límite con Valencia como única zona de desarrollo futuro.
"Los papeles son muy sufridos", exponen principios y buenas voluntades hasta que "llega el párrafo que los matizo", de modo que se proclama "que hay que proteger la huerta y acto seguido todos miran a ver cómo se la cargan". Así lo ve el abogado Pedro Vila tras presentar numerosos recursos en los tribunales contra la desaparición de la huerta de La Punta para construir la Zona de Actividades Logísticas del puerto de Valencia. Vila recordó a los asistentes al coloquio que la planificación urbanística es potestad de los municipios, pero que estos deben justificar la desclasificación de la huerta. En el caso de La Punta, los tribunales aceptaron los argumentos de la Administración, que alegó que la zona estaba degradada.
La Vera de Alboraia se mantiene en cultivo, pero "estorba" en una planificación que se extiende hasta Sagunto, afecta al puerto de Valencia, al proyecto de la Ruta Azul para desplazar la autopista al interior y urbanizar el litoral, apuntó el profesor de la Politécnica Julián Marcelo, también vocal de Abusos Urbanísticos No. Marcelo denunció que la planificación de nuevas infraestructuras se realiza "de forma absolutamente caótica" y sin "visión a largo plazo". Tampoco se tienen en cuenta a menudo las consecuencias de la urbanización sobre los acuíferos, añadió el profesor Miguel Martín Monerris, al tiempo que abogó por pedir también un esfuerzo a los agricultores para la preservación de una huerta más ecológica y eficiente en el uso del agua. Los apuntes económicos del catedrático Manuel Pérez Montiel sobre los costes de la urbanización abusiva en la calidad de vida dieron paso a la intervención del público en un coloquio en el que quedó en el aire una pregunta de Dolç: ¿Por qué no se declara una moratoria para la reclasificación de huerta hasta que se conozca el plan territorial con el que la Generalitat dice que la protegerá?
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006