"Nunca pensamos que a comienzos del siglo XXI iba a haber un intento de golpe institucional en Buenos Aires. Un sector de la derecha ha tratado de lucrarse con una tragedia". Iluminado por un foco en la noche porteña y subido a un estrado presidido con una gigantesca pancarta con un "No a la destitución", el jefe del Gobierno [alcalde] de la Ciudad de Buenos Aires, Aníbal Ibarra se dirigía ayer a unas 40.000 personas que abarrotaban el corazón de la capital argentina para manifestarse contra un proceso político que partiendo de una tragedia se ha transformado en una lucha de poder entre la derecha y el oficialismo argentino.
Quedan cuatro días para que se conozca si Ibarra, es destituido por su responsabilidad en el incendio de una discoteca que en diciembre de 2004 causó 193 muertos. Miles de personas dieron su respaldo anoche al alcalde en una concentración que contó con el apoyo de diversas organizaciones de izquierda, sindicatos y del Frente Para la Victoria del presidente argentino, Néstor Kirchner, cuyas pancartas eran visibles en toda la marcha.
Con la vista puesta en las elecciones del año próximo, la manifestación sirvió para medir la fuerza del peronismo en una ciudad donde la candidatura propuesta por Kirchner sufrió una amplia derrota en las legislativas del pasado octubre.
En la capital, su candidato, el entonces ministro de Exteriores Rafael Bielsa, quedó muy por detrás -a 14 puntos- del centroderechista Mauricio Macri y por debajo de la populista Elisa Carrió. Las elecciones consagraron la hegemonía de Kirchner en su propio partido, hasta entonces disputada con el ex presidente Luis Eduardo Duhalde, pero colocaron a Macri como un rival de éxito. Además, en ese momento, Macri tenía contra las cuerdas al gobernador de la ciudad. De hecho, logró que Ibarra fuera suspendido por su presunta responsabilidad en la tragedia civil más grande de la historia del país y sometido a un proceso político.
La figura del 'juicio político' existe en la legislación argentina y, a diferencia de lo que sucede en una moción de censura o de una comisión investigadora en Europa, se reproducen actuaciones y mecanismos similares a los del ámbito judicial. Existe un tribunal formado por los propios legisladores, una acusación y una defensa. Sus consecuencias son políticas, en este caso la destitución de un mandatario elegido directamente por el voto popular, pero los descubrimientos hechos durante las investigaciones pueden dar lugar a consecuencias penales. El proceso se dio por cerrado el pasado martes por la noche. Los fiscales han solicitado la destitución e inhabilitación de Ibarra.
"Tienen que esperar a las elecciones si quieren llegar al Gobierno", añadió Ibarra anoche en referencia a la derecha que apoya su destitución. Desde sus inicios el juicio político ha estado envuelto en una gran polémica. Es la primera vez en la historia argentina en que se aplica sobre un alcalde de la capital y numerosos diputados, tanto de la ciudad como nacionales, han expresado sus temores de que abra las puertas a la inestabilidad institucional.
Pero el proceso también demuestra la fuerza de Macri en el escenario político. Por eso el peronismo ha decidido entrar en escena y dar su apoyo a Ibarra, quien fuera elegido en 2003 no en las listas del Partido Justicialista, sino del entonces rival Frente País Solidario (Frepaso). El jefe del PJ en la ciudad, Alberto Fernández, movilizó ayer a muchos correligionarios en apoyo de Ibarra. Fernández también es el jefe de Gabinete de Kirchner y uno de los hombres del círculo de confianza del presidente argentino. Anoche, en la Plaza de Mayo, diputados y legisladores kirchneristas arroparon a Ibarra. El día anterior fue el turno de los familiares de las víctimas del incendio, quienes quieren la destitución del político porteño.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006