Zapatero se encuentra en una delicada situación. Debe equilibrar su interés por proteger un sector estratégico como es el eléctrico frente a intereses ajenos al bien de España, y evitar malas relaciones futuras con Bruselas y Berlín. Pero con el objetivo final de proteger a nuestras empresas de OPA hostiles. Quizá no hostiles al bolsillo de los accionistas, pero sí a los intereses de los españoles. No es bueno el proteccionismo, como pudimos comprobar en el pasado siglo, pero el libre mercado debe tener unas reglas y unos límites que se deben respetar y proteger; entre ellos, el interés general de un país.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006