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COLUMNA

Políglotas

Nuestros jóvenes necesitan aprender idiomas. Por lo menos tres: el simbólico, el práctico y el crematístico, o sea, euskera, castellano e inglés. Sé que algunos se me ofenderán por considerar simbólico al euskera, pero dejen que me explique. El euskera es también el idioma práctico de una parte importante de los ciudadanos vascos. Pero es el idioma simbólico de todos, incluso de quienes no lo hablan. Por lo demás, los tres idiomas me parecen igualmente respetables y creo que me hubiera arreglado a las mil maravillas si me hubiera tenido que desenvolver con uno solo de ellos, con el euskera, por ejemplo, como algunos de mis antepasados. Añado que tampoco me dolerían prendas si desaparecieran los tres: amén Jesús para el euskera, amén Jesús para el castellano y amén Jesús para el inglés. Siempre habría alguna otra de la que echar mano, aunque no fuera la materna sino la de la consorte. Qué quieren que les diga, si desapareció una lengua tan gloriosa como el latín y no nos quedamos mudos...

Pero es el caso que a nuestros jóvenes no les basta con conocer un solo idioma y necesitan aprender algunos más. Lo necesitan para desenvolverse en la vida, sin que tengamos por qué echar mano de otras consideraciones más espirituosas para justificar su aprendizaje. Por ejemplo, la de que el conocimiento de idiomas desarrolla la inteligencia. Miren, ha habido verdaderos talentos que sólo hablaban su idioma de cuna y que además, para colmo, eran bastante silenciosos. Y entre Proust, que tradujo a Ruskin sin saber inglés -y se hizo dueño de su peculiar estilo-, y Joyce, que sabía tantos idiomas que al final se volvió totalmente incomprensible, me quedo con... bueno, la verdad es que no sabría con quién de los dos quedarme, pero conozco a políglotas que son verdaderos chorlitos. Y es que la listeza se manifiesta ya en el balbuceo infantil, que es similar en todos los idiomas, o eso creo. Lo que viene después, que uno parezca más tonto o más listo, depende de múltiples factores difícilmente programables. Todo el mundo se queja de la educación de hoy en día, de lo mala y horrible que es comparada con la de tiempos pretéritos. Resulta, sin embargo, que los jóvenes actuales son un 20% más inteligentes que los de generaciones anteriores. ¿La causa? Pídansela ustedes al diablo, pero pienso que se ven ya obligados a balbucear de una forma mucho más compleja a como lo hacíamos antes. No es que balbuceen cosas distintas; simplemente, lo hacen a otro ritmo.

Hace unos días, la diputada socialista Isabel Celaá presentó una propuesta para intensificar la enseñanza trilingüe en nuestros centros educativos. Su propuesta topó con las reticencias de los trilingües que nos gobiernan y de los del Freedom for Euskal Herria. Entre los objetivos de nuestro actual currículo educativo se halla el de que nuestros alumnos finalicen sus estudios obligatorios dominando el uso del euskera, del castellano y de una lengua extranjera, que en la mayoría de los casos suele ser el inglés. En una evaluación reciente sobre el conocimiento del euskera por parte de los alumnos, los resultados fueron bastante desalentadores: era muy pobre en los alumnos del modelo A, bastante pobre en los del modelo B y dejaba que desear en los del D. No tengo noticia de que se haya hecho una evaluación similar sobre el conocimiento que tienen del castellano nuestros alumnos. Bien, se supone que lo saben. En cuanto al inglés, parece ser que sólo los veranillos ingleses o las clases extraescolares garantizan un conocimiento suficiente. ¿Será que nuestros alumnos aprenden lo que saben al margen de la escuela? Quizá tengamos que concluir también que lo que verdaderamente saben, sin necesidad de que se lo enseñen, es su lengua verdadera, o sea, el castellano.

Los nacionalistas siempre han utilizado el inglés como coartada para justificar sus veleidades lingüísticas: para andar por el mundo el inglés; para casa, el euskera. De esa forma se saltaban el eslabón desagradable. Y he aquí que ahora Isabel Celaá les propone reforzar el inglés en la enseñanza y, mira por donde, ellos se resisten. La explicación de esta actitud puede ser muy sencilla. Si nuestros alumnos pueden obviar su lengua materna y escolarizarse en otra lengua, cualquier opción puede resultar peligrosa para la lengua de casa. Si un joven castellanohablante puede escolarizarse en euskera por inmersión - que es lo que se pretende, para superar el fracaso de los modelos-, no hay motivo para pensar que no pueda hacerlo igualmente en inglés y que, puesto a elegir, no opte por esta posibilidad. De esta forma, inglés y euskera, lejos de ser el complemento ideal del futuro, se convierten en lenguas rivales, en lenguas académicas rivales. La otra, la que queda fuera de la escuela, el castellano, queda fuera de la competición y se impone como lo que es: la lengua de la vida. Así de simple.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 3 de marzo de 2006