La desorientación que sufre la humanidad en el cuidado de la naturaleza llega ya a límites extremos. Leo el jueves 30 de marzo en EL PAÍS una información acerca de la Conferencia Mundial de la Biodiversidad y lo único que se acumula ante mis ojos son palabras como "fracasa", "frustra", "enfrentamiento", "pérdida" o "inevitable". Palabras sin marcha atrás. Duele vivir naturalmente desorientados. Duele que a nuestros hijos cueste menos dejarles un disfraz o un dibujo animado en lugar de un ser vivo nacido en libertad.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de abril de 2006