No tengo problemas de antena para ver las teles que se inauguran, sino problemas de mando a distancia. Mi pantalla plana reproduce todas las señales por tierra, cable, aire o ciberespacio; sean hercianas, satelitarias, analógicas, digitales, telefónicas, globales o locales. Pero mi mando a distancia no puede estirarse más, tiene todos sus números ocupados (los célibes y los emparejados), y, sin estar agarrado al aparatín de zapear, no puedo ver la TV. Consulté con mi técnico y me aseguró que no hay solución porque como esto de inaugurar teles sólo es un reciente fenómeno español, los ingenieros del sector todavía no se han puesto a ello.
Reflexiono y me salen las siguientes TV inauguradas este año. Cuatro, La Sexta, una docena larga de canalillos temáticos del digital terrestre, del TDT, las televisiones autonómicas que faltaban (la penúltima será la asturiana, este mes), eso del Imagenio de Telefónica y otros frenesís cableoperadores; sin olvidar las tropecientas televisiones locales, de barrio o de calle. De tener el déficit audiovisual más serio de Europa, sólo comparable a nuestro déficit social (Vicenc Navarro, Anagrama), hemos pasado en un santiamén a esta lujuria de pantallas que nos atacan desde cualquier sitio y nos atascan el mando a distancia. Nada parecido en toda Eurolandia. Si a esto añadimos que las pantallas que no están en el cuarto de estar familiar (las de Internet, el iPod o el móvil) también han inaugurado este año la televisión nómada y ya podemos teledescargar y ver desde cualquier sitio los mejores programas del globo, entonces sale el siguiente enigma histórico. ¿Cómo fue verosímil que durante lustros hicieran del monopolio del Ente un dogma catódico y nos aseguraran tan serios que la pluralidad de cadenas no era en este país ni técnica, ni social, ni culturalmente posible? Fue posible y punto. Pero seamos claros y modernos para no meter la pata otra vez. En la era de la comunicación ligera, al contrario de la era pesada de la comunicación, la noticia no es inaugurar teles, eso ya lo hace cualquiera, sino inaugurar buenas series.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 2 de abril de 2006