Julia García Segura terminó en junio pasado la carrera de Odontología y ahora trabaja en dos clínicas dentales de Sevilla. Esta joven de 23 años, que estudió en los colegios Las Irlandesas y Claret, entró en la facultad con matrícula de honor y no abandonó la tradición de la máxima nota hasta el último día de clase. Obtuvo 23 matrículas en los cinco cursos que duró el trayecto hacia su titulación. Ayer, como otros 25 compañeros, recogió de manos del Rey el Premio al Mejor Expediente Académico.
García Segura se siente orgullosa del galardón, pero le cuesta creer que se lo hayan otorgado: "Me sorprendió mucho porque me avisaron sin tener que presentar nada". La joven no suele apuntarse a concursos porque, como afirma, no es "competitiva". El premio consiste en un diploma, una medalla y una cantidad en metálico cuyo monto, asegura, desconoce. "Ni lo sé, ni me importa".
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Sus esfuerzos los dedica a muchas tareas. Actualmente, trabaja en dos clínicas distintas, una de ellas, negocio familiar. "No veo por qué no abrir puertas". Y sigue esta filosofía al pie de la letra. Además de abrir el portón del estudio, se ha dedicado al voluntariado. Durante la carrera daba clases de apoyo a niños de zonas deprimidas. "Veo que cuanto más tiempo doy, al final, más tiempo tengo".
Todo esto lo ha llevado hacia delante sin perder el contacto de sus amigos, su pareja y sus familiares. "Hago lo mismo que la gente de mi edad: salgo, voy al cine, al gimnasio... A mi novio no lo he dejado de ver ni un solo día de la carrera", asegura García que sí se ha adelantado algunos años a la media generacional en un aspecto: "Dentro de tres años, me caso".
Pero para llegar a donde está sí le ha hecho falta dedicación. "El esfuerzo tiene su recompensa. En mi carrera, el que estudia, aprueba. Yo siempre he sacado muy buenas notas, desde el colegio, por lo que he creado un hábito de estudio que me ha permitido ganar mucho después". García Segura no se daba "atracones de última hora", sino que llevaba al día sus apuntes. La clave: no ver la televisión, salvo para informarse de las noticias, estudiar en su cuarto y organizarse.
La carrera le ha ayudado "a abrir la mente" y a espabilarse; algo a lo que también ha contribuido el trabajo, del que está muy satisfecha. "Me encanta el trato con las personas. Siento que mi trabajo no es sólo arreglar una boca, sino escuchar a las personas, porque el que se sienta en el sillón se desahoga", afirma la joven, que ahora prepara el doctorado.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006