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Crítica:TEATRO | 'Invisibles'

Un otoño, el alzheimer

He aquí una pieza que aborda de modo valiente un tema sumergido. Lucía, protagonista de Invisibles, empieza a tener ausencias. Le diagnostican alzheimer. Progresivamente, se olvida de controlar sus esfínteres, de los colores, del habla, pierde el sentido del equilibrio, deja de tragar comida. Antonia, su pareja, se hace cargo de ella... hasta que no puede más. No encuentra ayuda domiciliaria: ¡ojalá la red de servicios sociales hubiera crecido como la de carreteras!

Juanfra Rodríguez, autor y director de Invisibles, no ahorra crudeza, ni detalles. Sabe de lo que habla: ha apurado ese cáliz. Su procedimiento narrativo es impresionista, y caótico. Podría haber escrito un melodrama, al estilo de Norman and Beatrice, de Barbara Hammond, pero ha optado por presentar el material en bruto, sin deglutir. Ha preferido la sinceridad a la teatralidad, o le ha salido así.

Invisibles

Dirección y dramaturgia: Juanfra Rodríguez. Intérpretes: Eva Castelló, Cinta López, Gloria Martín, Josué Naval. Iluminación: Richard Vázquez. Espacio escénico: Julio Pastor y J. Rodríguez. Dirección musical y arreglos: Jorge Mora Pardo. Sala Cuarta Pared. Madrid, hasta el 16 de abril.

En Invisibles hay aliento poético, buenas ideas, caídas de ritmo, escenas algo deslavazadas, una banda sonora bien escogida, y lo que a menudo falta en el teatro: un propósito y un impulso veraces. Sus intérpretes, jóvenes, tienen energía y frescura, pero no, aún, el peso que sus personajes requieren. Para completar el panorama, una obra que se acerca al tema con cierto humor es Papa Alzheimer, del francés Luc Tartar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006