El Villarreal terminó el entrenamiento matinal de ayer, en El Madrigal, con una extraña sensación de seguridad. Extraña por tratarse de un equipo tan inexperto que nadie apostó por él cuando le tocó emparejarse con el Inter en los cuartos de final de la Liga de Campeones. Sin embargo, el cuadro de Manuel Pellegrini acabó la sesión muy satisfecho. Entendió que es superior a su rival en dos aspectos fundamentales: el manejo de la pelota y el juego colectivo. A esa conclusión llegó tras analizar el partido de ida, en Milán, en el que perdió por 2-1, pero acabó imponiendo su estilo de toque y arrinconando al adversario en su campo. Le bastaría ganar por 1-0 para pasar a las semifinales, un reto colosal para esta pequeña localidad castellonense.
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Pellegrini tampoco ha ocultado a sus pupilos la evidencia: el Inter es más fuerte físicamente -es suficiente ver la musculatura de Adriano- y cuenta con más individualidades decisivas: Adriano, Recoba, Figo, Martins... El Villarreal teme los contragolpes interistas y piensa que la clave estará en saber marcar los tiempos del choque. En imponer su estilo pausado y anestésico hasta los últimos metros, en los que suele explotar la velocidad del cada vez más entonado Forlán.
Respecto a la ida, el Villarreal recupera a Tacchinardi, Josico y Arruabarrena, además de tener descansado a Riquelme, que vio desde casa la victoria en Zaragoza (0-1). Un triunfo de gran valor anímico: el Villarreal entendió que puede vencer sin Riquelme en un terreno y a un rival difíciles.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006