De él dijo Manel Comas, poco sospechoso de adulaciones, que "es la mejor definición de la palabra profesional". De naturaleza reservada, Velimir Perasovic (Split, 1965) confiesa un único secreto en su carrera como baloncestista, extinguida hace tan sólo tres años: "Pensar las 24 horas del día en el baloncesto". Y ha aterrizado en el club donde halla a otro camarada de la ambición: Josean Querejeta. Es probable que Perasovic carezca del carácter inflexible de su amigo Ivanovic, pero de lo que no se duda es de su apuesta sin dobleces por la meticulosidad, una cualidad que causó malestar a algunos jugadores del Caja San Fernando. y acabó siendo "un infierno", según él mismo.
Junto con Ivanovic, sostuvo la estructura de aquella maravillosa Jugoplastika que desquició al Barcelona en la Copa de Europa. Los elogios y los dólares de la NBA eran para Kukoc y Radja, pero Perasovic nunca se quejó. Optó por emigrar a España, donde Breogán, TAU -que no reunía entonces el poder de ahora- , Fuenlabrada y Alicante se rindieron a su talento y su constancia. Fuera del baloncesto, Peras traduce su vocación de trabajo en el conocimiento. Nada más arribar a España, en 1992, rechazó disponer de un traductor de castellano "porque iba a prestar menos atención". Prefirió aprender por sí mismo a base de visitar los videoclubes de Lugo y leer lo que cayera en sus manos.
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Además, Perasovic es un experto en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil española, contiendas de las que conoce todas sus batallas. En su presentación, prometió que su manera de ver el baloncesto no iba a diferir mucho de la que tenía cuando jugaba. Una época en la que ya avisaba: "Cuando sea entrenador, todo el mundo debe saber quién es el jefe. La democracia no es buena para el baloncesto".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006