Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Fútbol | Liga de campeones

El portero de las dos caras

Moretto, guardameta del Benfica, es capaz de dar lo mejor y peor de sí mismo en un partido

"Es imposible que Moretto vuelva a hacer un partido como el de Lisboa". Deco, centrocampista del Barça, puso ayer el punto de mira en Marcelo Moretto, el grandullón portero del Benfica -1,96 y 94 kilos-, que empezó a jugar el partido de ida de la Champions en el estadio Da Luz como un flan y acabó desesperando a los azulgrana. Los palos, en un telúrico guiño a la final de 1961, perdida por el Barça ante el Benfica por su empeño en chutar a la madera, también ayudaron. Pero fueron tantas las indecisiones de Moretto, sobre todo al principio del partido, que a los miles de hinchas que cantaban machaconamente el Gloriosus Benfica... se les cortó la respiración con el temerario juego del brasileño. Llegado al equipo de Ronald Koeman en el mercado de invierno, Moretto, de 27 años, se ha convertido, pese a sus lagunas, en una de las esperanzas de la afición lusa, tan ilusionada como escéptica ante la posibilidad de eliminar mañana al Barça en el estadio.

A pesar de su escasa experiencia internacional, el portero confía superar la presión del Camp Nou

Ni Morientes, ni Fowler, ni Cissé ni Gerrard, campeones de Europa con el Liverpool el año pasado, fueron capaces en los octavos de final de batir a Moretto ni en Lisboa (1-0) ni Anfield (0-2). Lo mismo le sucedió hace una semana a Ronaldinho, Deco, Eto'o o Van Bommel. Motta y Larsson, mientras, enviaron dos pelotas al palo. Incrédulo, Frank Rijkaard golpeó repetidamente con el puño uno de los laterales del banquillo para expresar su desespero ante el catálogo de facilidades que había concedido Moretto en la primera media hora: desde una cesión a soltar el balón en el área como si quemara ante Van Bommel o Ronaldinho.

Pero Moretto se rehizo y acabó desbaratando unas cuantas ocasiones de gol y aclamado por su afición. Koeman, al día siguiente del partido, liberó a sus jugadores de entrenar -se quedaron en el gimnasio- salvo a dos: Nelson, a quien quiso probar tras salir de una lesión, y Moretto, a quien obligó a realizar ejercicios para mejorar su juego de pies. "Es que en esa área el césped no estaba bien, la pelota botaba mal y sufrí cada vez que me pasaban la pelota", dijo el guardameta, que, pese a su escasa experiencia internacional, confía en superar la presión del Camp Nou como ya hizo ante los reds.

Llegado a Portugal a 2003, Moretto empezó a jugar en el Salgueiros y triunfó en el modesto Vitoria Setúbal, donde batió récords al encajar sólo cinco goles en 17 partidos y con el que se proclamó campeón de Copa. El azar se cruzó en su camino: los porteros del Benfica -Quim y Moreira- se lesionaron y el club fue en diciembre a por él. Pero el Oporto también le quiso y envió un emisario a Brasil para convencerle de que rechazara la oferta lisboeta. El presidente del Benfica, Luis Felipe Vieira, se enfureció y el día de Nochevieja voló a Brasil, donde el jugador disfrutaba de sus vacaciones, para cerrar la operación. Presidente, emisario y portero coincidieron en el vuelo de regreso y el aterrizaje fue de lo más alterado: un guardaespaldas de Vieira agredió al colaborador del Oporto ante la presencia de las cámaras de televisión. Contra todo pronóstico, Koeman sentó a Quim en el banquillo y puso a Moretto, que bajo los palos combinó fallos de bulto -con los pies y el juego aéreo- con paradas decisivas ante Liverpool y Barça. Ahora le avalan 270 minutos en la Champions sin recibir un gol en la que, globalmente, ha ofrecido la mejor de sus caras. "Hay que aprender la lección del Liverpool", avisó Gio instando a afinar la puntería y a cerrar a cal y canto a Valdés.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006