En una editorial reciente se leía que las protestas por el nuevo contrato para los jóvenes en Francia era "un incendio alimentado por unos ciudadanos frustrados, opuestos a todo cambio". Soy español, vivo en Francia, y tengo menos de 26 años. Cuando se habla del contrato de primer empleo (CPE) aquí, se trae a menudo a colación la situación en España: un 30% de los contratos son temporales, la situación más grave en Europa. No sé si eso nos autoriza o no a extrañarse de esa resistencia al cambio en Francia, donde el 12% de los contratos tan sólo son temporales, aludiendo a esa hipotética frustración, que sin duda existe, pero se debe a un desencuentro con medidas gubernamentales impuestas y no negociadas que estigmatizan a un único sector de la población en el intento de "cambiar" la situación.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 4 de abril de 2006