Había una vez, un chico de 30 años como tantos otros, que después de pasarse parte de su vida estudiando para alcanzar un buen nivel académico, para llegar a hablar cinco idiomas y cosechar una experiencia digamos dilatada en el campo del turismo, no sólo en este "bendito país", tuvo la necesidad de buscar un nuevo trabajo para continuar viviendo y ejercer su profesión.
Este chico se puso manos a la obra y utilizó las nuevas herramientas de búsqueda que Internet nos brinda. No tardó en encontrar ofertas que le llamaban la atención y no dudó en inscribirse para una posible entrevista con algún departamento de recursos humanos. ¿Cuál fue el resultado? Que en los primeros contactos con estas empresas turísticas, tanto hoteleras como del sector servicios que demandan profesionales con experiencia y cualificados, le comunicaron que su currículo contenía demasiada formación y conocimientos para acceder a dichos puestos. Y no me estoy refiriendo a puestos de grandes salarios, pero sí de responsabilidades.
Pidieron formación y ese chico se formó, pidieron experiencia y ese chico la obtuvo, pidieron idiomas y los aprendió, ahora ¿qué piden? ¿Reinventarse? A ese chico les aseguro que día a día, como a tantos otros, en su cabeza ronda la idea de "salir nuevamente" de España, pero hay veces que piensa que eso no sirve de mucho: si volviera después de un tiempo fuera sería la misma situación pero en un futuro.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 9 de abril de 2006