Hace unos años, cuando se enfrentaban a bombazos, tiros o pedradas, ni unos ni otros hubieran imaginado que un día se saludarían a besos. El palestino Bassam Araim y medio centenar de ex milicianos palestinos recibieron ayer con los brazos abiertos al israelí Zohar Shapira y a una cincuentena de ex soldados del Estado judío, en un patio de escuela, seccionado por el muro de separación, en Anata, al norte de Jerusalén. David Broza puso música, junto a un cantante palestino, al primer encuentro público de Combatientes por la Paz. Los miembros de esta organización se reúnen desde hace un año cada mes en torno a una mesa. Hablan. Ahora que palestinos e israelíes, y sus Gobiernos, se dan la espalda, buscan juntos lo que les une. Se han empeñado en convencer a sus respectivos compatriotas de que sólo el fin de la ocupación, de todos los actos violentos y la creación del Estado palestino pondrán fin a la espiral sangrienta. Riyad Halis, de 26 años, vio morir a su hermano bajo balas israelíes que también le hirieron a él. Itamar Shapira, de la misma edad, fue un soldado orgulloso: "Creía que protegía mi país (Israel)". Algo cambió: "Cuando me di cuenta de que ellos (los palestinos) luchaban también para proteger su país, me dije 'tengo que pararlo". Itamar, Riyad y el resto se reunirán el mes que viene para continuar su lucha pacífica.-
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de abril de 2006