Tres cosas importantes me preocupan del escándalo de corrupción destapado en Marbella. La primera es que no se persiga debidamente a los corruptores, los promotores inmobiliarios que con tanta alegría se han prestado al juego de la recalificación y el soborno para hacer grandes fortunas en una década de pelotazo. En segundo lugar, que tras esta demostración de lo vulnerable que es el sistema actual no se haga un cambio en profundidad de la ley de suelo y del sistema de financiación de los ayuntamientos. Por último, que la gente no se dé cuenta de que los excesos de los corruptos y corruptores que se enriquecen de forma ilegal con el negocio inmobiliario los estamos pagando todos los españoles en forma de precios abusivos e hipotecas a 40 años.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 11 de abril de 2006