El 25 de marzo pasado, la escritora Almudena Grandes publicó en su periódico Razones para un aniversario, en relación al que ahora se cumple: los 75 años de la proclamación de la Segunda República.
Quiero agradecer su texto y compartir con ella la afirmación "... los herederos naturales de los españoles del 31 en un estado de ánimo muy sensible a las emociones". Lo estamos también algunos de los que vivimos el exilio de nuestros padres y que nos hemos preguntado, primero con ellos y después en su ausencia, por qué en España se soslaya la justicia, por qué se justifica el olvido en aras de la corrección política, por qué se hace a un lado la autocrítica. Me pregunto por qué la derrota de la Segunda República es todavía un dolor vivo, después de tantos años, y concluyo que se debe a que no se ha hecho justicia y, por añadidura, se agrega la ofensa, en aras de una prudencia pueril, de igualar a los bandos, como si fueran lo mismo, como si hubieran actuado igual.
Quiero agradecer a Almudena Grandes y a su periódico el anuncio de que en la vieja España hay voces que permiten la esperanza y que propician la justicia. Quizás entonces aquellos que fuimos marcados por esa derrota podamos sentirnos menos solos.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 19 de abril de 2006