La bailarina Olga Cobos tiene un bien ganado prestigio en el terreno de la interpretación y ahora se enfrenta a creación a través del efectismo gestual y sonoro, de unos juegos de taller donde se ponen a prueba en cuanto facultades tanto la bailarina misma como los demás intérpretes. Sin una puesta en escena real, a pesar de ciertos efectos de luces, los artistas aparecen vestidos anodinamente con los trapajos de ensayar, lo que quita empaque, carácter y teatralidad a una propuesta precedida del aburrimiento como máxima. La mayoría de las frases coréuticas contienen un incomprensible rictus o reacción espasmódica que no ritualiza sino crispa el material.
De las dos piezas que componen la velada, es la segunda la que deja alguna huella positiva al estar más estructurada que la primera.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de abril de 2006