El domingo 23, EL PAÍS dedicaba una página a reseñar los logros del Gobierno de Zapatero. Sin haberle votado nunca, ni a él ni a su partido, aprecio en él algo más que el talante. En mi opinión, es el presidente más progresista desde los tiempos de la II República. Valoro sus méritos, lamentando una gran carencia. Tiene pendiente la asignatura que homologará a la actual democracia española: la recuperación de la memoria histórica. Ha sido preciso que Suráfrica, Chile o Argentina saldasen sus deudas con el pasado para comprender que la transición española en modo alguno resultó modélica. La justicia sigue amordazada, todavía restos de los vencidos permanecen en las cunetas. Aquel pacto de silencio resulta insoportable. Treinta mil personas desaparecidas, vulneración de derechos humanos y crímenes contra la humanidad prueban la persistencia de espacios de impunidad. El Estado está obligado a rehabilitar e indemnizar a las víctimas del terrorismo más infame, el que se ejerce desde el poder. El Gobierno de Zapatero ha dejado pasar el 75º aniversario de la proclamación de la II República sin presentar la ley para la recuperación de la memoria histórica. Si ocurriese lo mismo el 18 de julio, fecha en que se cumplen 70 años desde el inicio de la ignominia que lastra la plena legitimidad de la democracia española, faltará a su ineludible compromiso con la justicia histórica.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 25 de abril de 2006