Hoy se disputa un partido de los grandes en el Camp Nou. Tanto el Barça como el Milan tienen la Champions tan metida en la cabeza que a veces cuesta reparar en su situación en la Liga por mejor que sea, sobre todo en el caso azulgrana. Una cosa es el día a día y otra distinta las fiestas de guardar. "No dejamos de pensar en París desde que perdimos en Estambul", anunció Carlo Ancelotti, el entrenador rossonero, equipo que aspira a su tercera final en cuatro años con la que sería su 100ª victoria en la competición. "Hablar de un cambio de ciclo me suena a poesía. Mejor pensar sólo en la final y no en otras cosas", responde Rijkaard, el técnico del Barça. Aunque ambos huyen del drama, ninguno habla de ilusión sino de obligaciones.
Al Milan le avala la historia y a los azulgrana la coyuntura. El Barça está invicto en su estadio durante la temporada europea y afronta la vuelta con un gol de ventaja (0-1), resultado que en los 14 años de historia del actual formato del torneo sólo el Ajax fue capaz de remontar ante el Panathinaikos (1995-96). Aunque le falta un defensa (Oleguer), un medio (Xavi) y un delantero (Messi), los excedentes son tantos que Ezquerro no entró en la lista. Los rossoneri andan más magullados (Nesta y Kaká son dudosos) y, sin embargo, se muestran más fieros que nunca desde que han recuperado la escopeta de Inzaghi. A un partido, son un equipo temible por su capacidad de supervivencia.
El recuerdo de Atenas aún martiriza a la hinchada barcelonista, deseosa de tomarse la revancha doce años después y de alcanzar la quinta final. El control emocional puede ser fundamental. "Hay que jugar con inteligencia", coinciden los azulgrana. "Si somos la versión original del Milan", replica Ancelotti, "no tememos a nadie".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de abril de 2006