El jefe del Estado portugués, Aníbal Cavaco Silva, cerró ayer la celebración del 32º aniversario de la Revolución de los Claveles con una propuesta de pacto cívico para luchar "sin diferencias ideológicas" contra la desigualdad social. En su primer discurso como presidente ante la Asamblea en la conmemoración del final de la dictadura, Cavaco recordó que la revolución tuvo un sueño de justicia social.
A ese sueño, añadió, aún le falta mucho para ser alcanzado, porque "el foso entre ricos y pobres es cada vez mayor", subsisten "zonas adormecidas del interior donde aún hay gran arcaísmo social y cultural", y porque en el país "mucha gente (un 20% de la población) vive en la pobreza".
Ante los legisladores y los ocho Capitanes de Abril, el ex primer ministro conservador hizo un retrato muy realista y nada complaciente del país que él mismo gobernó durante 10 años, entre 1985 y 1995; y con su discurso exigente y conciliador a la vez se colocó sorprendentemente a la izquierda del Gobierno socialista de José Sócrates.
Tras recordar que Portugal es el país más desigual de la UE, el de pobreza más persistente, el más atrasado en la cualificación de los trabajadores, el que tiene una clase media más frágil, un empleo más precario, una población más envejecida y los salarios más bajos, concluyó: "No es legítimo moralmente exigir más sacrificios a quienes ya viven en la necesidad". Cavaco sacó también a la luz dos de las situaciones más oscuras y dramáticas que vive el país 32 años después de "tomar el destino en sus manos", 31 después "de decidir su futuro en sus primeras elecciones democráticas" y 30 años después "de aprobar su Constitución": los malos tratos a los niños y la violencia contra la mujer. Ante esas realidades, dijo, "no cabe ni el silencio, ni la tolerancia, ni la resignación".
"Todos somos responsables" de la situación, resumió Cavaco, suavizando sus reproches a la discutida política social de un Gobierno al que la izquierda radical ha acusado de olvidar a las personas en su lucha por frenar la crisis económica.
Ante la probable sorpresa de los que suelen recordarle que él es uno de los políticos portugueses más ajenos al espíritu del 25 de Abril, puesto que vivió la revolución desde Inglaterra, donde estudiaba su doctorado en Economía, Cavaco acabó haciendo suyo el viejo sueño revolucionario: "Los políticos deben estar a la altura, superar sus diferencias ideológicas y trabajar juntos por los más desfavorecidos".
La manifestación de ayer en Lisboa en recuerdo del 25 de Abril convocó a varios miles de personas que protestaron contra la política social del Gobierno.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 26 de abril de 2006