Que la música tiene un carácter universal lo demuestra una obra como Brasileirinho, documental sobre el choro, el ritmo tradicional más antiguo de Brasil, realizado por el finlandés Mika Kaurismäki. El tórrido carácter de la tierra del carnaval y el movimiento de cadera, mostrado con las gélidas maneras de un director que, junto a su hermano Aki, ha llevado al cine finlandés por todos los rincones del planeta festivalero y de autor en las últimas décadas.
A diferencia de películas como Buena Vista Social Club o El milagro de Candeal, que aprovechan para describir el panorama social que rodea la música que se está esbozando, Brasileirinho se acerca al choro con los ojos y, sobre todo, el oído de un experto sonoro. A Kaurismäki no le interesa tanto la raíz cultural en la que se enmarca su melodía como la descripción (a veces incluso prolija) de los secretos rítmicos del pentagrama. A través de una voz en off, otorga los datos históricos imprescindibles de una música nacida hace poco más de un siglo (es anterior a la bossa nova y a la samba).
BRASILEIRINHO
Dirección: Mika Kaurismäki. Intervienen: Zezé Gonzaga, Ademilde Fonseca, Teresa Cristina, Paulo Moura. Género: documental musical. Brasil, Finlandia, 2005. Duración: 90 minutos.
Sin embargo, cumplido el expediente informativo, la película se dirige pronto a las actuaciones en directo intercaladas por entrevistas con los protagonistas. Además, la cadencia del montaje y la pausa con la que se mueve la cámara aleja a la cinta de la espectacularidad de otras de su estilo, para adentrarse en cambio en el terreno de la melancolía y del sosiego. Como si Kaurismäki prefiriese la tranquilidad del atardecer en una playa semidesierta con la compañía justa, en lugar de la algarabía lujuriosa de la abarrotada noche brasileña.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006