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André Schiffrin denuncia la concentración editorial en Francia

'El control de la palabra' analiza la situación del mundo del libro

"Estoy convencido de que si los medios de comunicación hubieran hecho lo que debían, no habría habido guerra en Irak". Con esta contundencia se expresa el editor André Schiffrin, que hace unos años levantó ampollas en el mundo del libro con La edición sin editores sobre la concentración editorial en EE UU, y ahora alerta sobre ese fenómeno en Francia en El control de la palabra (Anagrama).

En La edición sin editores (Destino), Schiffrin alertaba sobre los riesgos de la concentración del mundo editorial estadounidense en manos de grandes grupos, con la consiguiente pérdida de libertad y calidad. Ahora, en El control de la palabra, ha ampliado su análisis al contexto francés, que no queda mucho mejor parado.

Schiffrin, que ayer estuvo en Barcelona para presentar el libro, dedica un capítulo del mismo a analizar el papel de los medios de Estados Unidos en relación con la guerra. La aceptación, sin ningún tipo de reservas, de los informes del Pentágono acerca de la existencia de armas de destrucción masiva o la negativa de las cadenas a emitir imágenes de víctimas civiles (algo que les había pedido expresamente, en una reunión secreta con sus directivos, la por entonces consejera de Bush para la seguridad nacional, Condoleezza Rice) son dos de los ejemplos que el autor menciona. En su opinión, el silencio de la prensa jugó un papel definitivo en la reelección de Bush, puesto que los electores no disponían de los datos adecuados para ponderar su voto.

El hijo del editor Jacques Schiffrin, creador de la Bibliotèque de la Pléiade (Gallimard), que durante 20 años estuvo al frente de la prestigiosa Panteón Books, explica cómo en cinco años el panorama de la edición en Francia ha sufrido una gran convulsión. "La edición sin editores provocó un gran debate", señala el autor, y recuerda que en España, como en otros países, se llegó a la conclusión de que el diagnóstico "era terrible, pero nunca ocurriría lo mismo en Europa". Y, sin embargo, la realidad ha desmentido los pronósticos. Schiffrin cuenta cómo hasta entonces dos grandes grupos, Hachette y el imperio Vivendi, controlaban dos tercios del mercado, y el otro tercio estaba en manos de editores independientes, en un equilibrio que permitía mantener la calidad editorial.

La venta de Vivendi

Schiffrin explica con estupor que cuando los problemas financieros pusieron en venta Vivendi, el Estado francés dio todo tipo de facilidades para la adquisición del grupo por parte de Hachette, con el resultado de un monopolio sin precedentes. Sólo la intervención de Bruselas desbarató tamaña concentración, recuerda.

Vivendi se repartió finalmente entre Hachette y Wendel. Schiffrin explica que, con esta operación, dos tercios del sector editorial están en manos de empresas que tienen entre sus actividades la fabricación de armas "cuyo único cliente es el Gobierno". Progresivamente, en Francia se ha producido una reducción del número de editores independientes, directamente vinculada con un aumento de la comercialidad en los grandes grupos, que ya no deben preocuparse por gozar de la aureola de prestigio con que las pequeñas les plantaban cara. El editor explica además cómo la concentración afecta a todos los ámbitos del negocio, también a los canales de distribución y librerías: el librero independiente desaparece y los libros los venden los centros comerciales o las cadenas.

Según el editor, casado con una española, por el momento el panorama no alcanza extremos tan graves en nuestro país. Ni desde el punto de vista de la concentración ni desde la influencia del Gobierno en los medios de comunicación.

Schiffrin concluye que todos los caminos pasan por un punto central: la necesidad de editar sin dejarse guiar únicamente por los beneficios. "La edición sólo necesita de alguien que escriba un libro y de alguien que lo edite", resume.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006