Ismael Pablo Rodríguez se enfrenta a una petición de 64 años de cárcel por la muerte de su mujer y dos de sus hijos mientras dormían en la madrugada del 30 de abril de 2004 en Alzira. La fiscal ha dado traslado a las partes de su escrito de acusación. En él, relata que a las 4.30 de la madrugada, el acusado, de 47 años y en prisión provisional, entró en el edificio con unas llaves que aún conservaba del que fue su domicilio conyugal, en el número cuatro de la calle de Juan XXIII, en el barrio de Sants Patrons. Alcanzó el rellano y sobre el felpudo vertió una botella de gasolina que se fue colando por debajo de la puerta. Prendió fuego. Jenny Lara, de 36 años, y dos de sus hijos, Keit, de ocho años, y María, de cinco años, perdieron la vida. Dormían. Salvo la vida un amigo de Jenny Lara que se encontraba en el salón y pudo alcanzar el balcón. El ministerio público le considera culpable de tres delitos de asesinato, por cada uno de los cuales pide 18 años de cárcel, de un delito de asesinato intentado, por el que pide diez años, y de un delito de quebrantamiento de medida cautelar de orden de alejamiento que se castiga con multa. La fiscal, amparándose en la jurisprudencia ya existente, no castiga el incendio porque lo considera el instrumento con el que se ha cometido el asesinato.
Ismael Pablo Rodríguez había sido condenado por malos tratos antes de los hechos. Sobre él pesaba orden de alejamiento. El triple crimen, según las acusaciones, llegó tras un cadena de fallos en el sistema de protección de la víctima. Seis horas antes de los hechos, el agresor acudió a la casa con el mayor de sus hijos, insultó a la víctima y la amenazó. "Te voy a matar", le dijo. La mujer, natural de la República Dominicana y con varias denuncias en distintos juzgados de Alzira, llamó a la policía a las 22.10 y poco después de la media noche. Pedía ayuda porque su ex compañero sentimental estaba en el portal de su casa, intentaba entrar y al no abrirle la puerta la había amenazado por el telefonillo. La policía primero le dijo que estuviera tranquila y no le abriera. Luego, lo buscó y no lo encontró. Estaba en su casa, con su otro hijo.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006