Martin Feldstein, de 66 años, habla bajo, pero muy claro: si la economía estadounidense quiere evitar una recesión necesita un dólar más competitivo. Esto es: una depreciación significativa respecto a las principales monedas. Presidente del Nacional Bureau of Economic Research (NBER), organismo privado que tiene la misión de determinar cuándo comienza y cuándo termina una recesión en Estados Unidos, Feldstein ha sido presidente del Consejo de Asesores Económicos del presidente Ronald Reagan en 1982-84 y actualmente es profesor en la Universidad de Harvard. "La depreciación debe tener lugar lo antes posible. Las consultas multilaterales que propone el FMI pueden ayudar". Feldstein tiene un pero: "EE UU debe admitirlo de manera oficial". He aquí tramos de la entrevista que concedió a EL PAÍS; en su despacho de la ciudad de Cambridge, en Boston:
"La respuesta a los desequilibrios es mayor ahorro y un ajuste del tipo de cambio"
"El dinero va a bonos y fondos a tipos fijos. Y pueden decir, hasta aquí hemos llegado"
Pregunta. La economía estadounidense siguió creciendo después del shock del petróleo que comenzó en 2003, ¿volverá a eludir el efecto de las subidas de estos días?
Respuesta. La explicación es que tuvimos suerte. Cuando los precios del petróleo comenzaron a subir, en 2003, la Reserva Federal estaba preocupada por evitar una deflación e implícitamente ya estaba en marcha una reducción de los tipos de interés de corto plazo, hasta que se situaron en el 1%. La elevación del precio de la energía recortó los ingresos de los consumidores norteamericanos, pero este efecto fue compensado por otro más poderoso: la refinanciación de las hipotecas a los tipos más bajos. Los propietarios de viviendas obtuvieron dinero al contado y, además, vieron reducida la cantidad mensual que desembolsarían en adelante por sus créditos. Una gran parte de ese dinero se gastó en la compra de automóviles, electrodomésticos, o en mejoras de las viviendas. Y la menor cantidad a pagar por mes robusteció el consumo en todas las categorías de productos no duraderos, aquellos que se consumen en uno o varios usos. Entre el verano de 2003 y el de 2005, el precio del petróleo importado en EE UU se duplicó, pero la economía siguió creciendo gracias al consumo. La subida significativa de estos días plantea un escenario diferente: ahora ya no tendremos tanta suerte. Porque la Reserva Federal ha puesto en marcha desde mediados de 2004 una política de elevación de tipos, los tenemos al 4,75% y pueden subir más.
P. Estas nuevas subidas, ¿no hacen urgente ahora un ajuste el déficit exterior de EE UU?
R. Sí. Nuestros enormes desequilibrios se deben a que la tasa de ahorro de las familias es bajísima. En los años ochenta, el déficit fiscal creciente, del orden del 6% del producto interior bruto, alimentaba el déficit exterior, del 4%. Lo inusual es que además de un déficit fiscal, del orden del 3% actual, que no es tan malo, la economía registre en paralelo un déficit exterior del 7%, con un aumento dramático respecto a hace un año, y un ahorro negativo de las familias. Sólo podemos funcionar si el resto del mundo está dispuesto a seguir enviado 2.000 millones de dólares cada día a EE UU. Y el dinero que viene es básicamente de Gobiernos extranjeros aún cuando sea canalizado por operadores privados. Y tengo que confesar que la procedencia del dinero es lo que me pone nervioso. No son inversores privados que se estudian los riesgos y la rentabilidad y deciden meter su dinero aquí. Hace años el dinero iba al mercado de acciones, ahora va a bonos y fondos de inversión a tipos fijos. Y pueden decir "hasta aquí hemos llegado".
P: Para evitar este ajuste de mercado, ¿no es inevitable una fuerte depreciación del dólar?
R: Razonemos. La tasa de ahorro va a subir a partir de ahora. La refinanciación de las hipotecas, primero, y el encarecimiento del coste del dinero, ahora, indican que el margen para endeudarse más y mantener el ahorro en territorio negativo desaparece. Y una tasa de ahorro que aumenta es la condición necesaria para reducir el déficit exterior. Ahora bien, si nuestra tasa de ahorro aumenta y el dólar no se ajusta a la baja tendremos una recesión. Pero tendría que ser una enorme recesión. Para evitarla, el dólar necesita ser más competitivo a fin de que EE UU pueda importar menos y exportar más. No cabe duda de que la respuesta a los desequilibrios es una combinación de mayor ahorro y un ajuste del tipo de cambio. Porque no puedes ir a ese ajuste sin una tasa de ahorro más elevada. Los cálculos están en el orden de una depreciación del dólar entre el 30% y el 40%. No para eliminar el déficit por cuenta corriente sino para reducirlo a proporciones moderadas.
P. ¿Y cuál debería ser el calendario?
R. EE UU necesita un dólar más competitivo. Y creo que debemos ir a ello lo antes posible...
P. ¿Se puede reeditar algún tipo de pacto como el del hotel Plaza de Nueva York en 1985?
R. El acuerdo del Plaza Hotel es una posibilidad, aunque habría que incorporar ahora a protagonistas como China. En aquella reunión, los ministros de Finanzas de los cinco grandes [EE UU, Japón, Alemania, Reino Unido y Francia] declararon que el dólar estaba sobrevaluado y que su tipo de cambio debía bajar. La política monetaria y fiscal sufrió un ajuste en Estados Unidos y los otros países tal como ocurre ahora. Con el anuncio oficial de que el dólar necesitaba caer respecto a las monedas de nuestros socios comerciales, el resto lo hicieron los mercados, en la confianza de que el Gobierno norteamericano no tenía un plan para castigar a aquellos que vendían dólares mediante la repentina gestión de la caída del dólar. Ahora el G-7 no es el grupo apropiado ya que el mayor desequilibrio comercial de EE UU es con los países asiáticos y China. Se podría comenzar con una reunión de los países asiáticos con mayor superávit y pactar un acuerdo para una apreciación coordi nada.
P. En Washington, el FMI ha asumido el mandato de poner en marcha consultas multilaterales para coordinar la reducción de los desequilibrios, ¿va eso en la dirección que usted sugiere?
R. Podría ayudar, sí. Siempre que sea promueva una reunión de un número reducido de países. Pero el acuerdo institucional específico es menos importante que el reconocimiento oficial de EE UU de que el tipo de cambio del dólar debe bajar y de que no hay ningún plan para apoyarlo en su nivel actual de sobrevaluación.
P. Hace tan solo algunos meses incluso usted sonó como candidato a sustituir a Alan Greenspan en la Reserva Federal (Fed), ¿lo fue?
R. Sí, lo fui.
P. Y ¿qué pasó?
R. Nombraron a Ben Bernanke (risas).
P. ¿Cómo sabe usted que fue candidato?
R. Lo sé porque me llamaron a la Casa Blanca y me dijeron "es usted un candidato". Me reuní con varios miembros del equipo del presidente Bush y tuvimos una larga discusión sobre la economía. Me preguntaron qué pensaba y les expliqué mis puntos de vista... Los que acabo de explicarle a usted...
P. Las actas de la reunión de la Reserva Federal sobre tipos del mes de marzo pasado señalan que el final de las subidas está "cerca". ¿Cuál es su lectura de esas actas?
R. La cuestión es qué significa "cerca". Si vas de 1% a 5% pues 5,25% es "cerca". Y 6% también es "cerca". Si no eres un fedologo, esto es un especialista en la Fed, 6% sería una cifra próxima a 5%, pero estoy seguro de que el mercado interpreta que "cerca" es 5,25%. El hecho es que si la inflación sube van a subir los tipos, y si la economía comienza a desacelerar significativamente seguro que no los van a elevar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006