La incapacidad mostrada por Serbia de detener al criminal de guerra Ratko Mladic, subrayada el miércoles por la Unión Europea, que suspendió sus negociaciones con el país, coloca a Belgrado en una encrucijada y a las puertas de una crisis política. Además, Serbia se enfrenta a otras dos cuestiones importantes: el estatuto del Estado común con Montenegro -el día 21 los montenegrinos celebran un referéndum para decidir si mantienen la asociación o se independizan- y el de Kosovo, la provincia de mayoría albanesa tutelada por la comunidad internacional que exige la independencia.
La decisión de la UE amenaza con abrir un nuevo periodo de aislamiento, comparable al de los años noventa, cuando Serbia sufrió sanciones internacionales por la política del difunto presidente Slobodan Milosevic, uno de los principales instigadores de las guerras que destrozaron la ex Yugoslavia.
Queda muy debilitada la coalición de Kostunica, que ya gobierna en minoría
La política de la Unión fortalecerá a los independentistas de Montenegro, destacó el presidente serbio, el europeísta Boris Tadic. "La suspensión de las negociaciones debilita nuestra posición en las conversaciones sobre Kosovo y hace el juego a quienes desean desmantelar el Estado de Serbia y Montenegro, puesto que aleja el Estado común de su futuro europeo", afirmó Tadic en un comunicado.
"La incapacidad del Gobierno de detener a Mladic, a pesar de las promesas hechas, perjudica la credibilidad de Serbia en sus relaciones internacionales", añadió Tadic. Serbia está negociando con la comunidad internacional y las autoridades de Kosovo el estatuto definitivo de esta provincia que exige la independencia, a lo que Belgrado se opone.
A Mladic, el ex jefe militar de los serbios de Bosnia, así como Radovan Karadzic, el líder político de los serbios de Bosnia, se le imputan desde 1995 crímenes de guerra y genocidio, y el Tribunal Penal Internacional para la ex Yugoslavia (TPIY) exige su extradición a La Haya, por su responsabilidad en el asedio de Sarajevo (1992-1995) y la masacre de unos 8.000 musulmanes en Srebrenica (julio de 1995).
Por otra parte, la coalición en el poder en Belgrado, dominada por el Partido Democrático de Serbia, del primer ministro, Vojislav Kostunica, que ya gobierna sin mayoría parlamentaria, se encuentra más debilitada después de la decisión de la Unión Europea. El viceprimer ministro serbio, Miroljub Labus, un europeísta que fue el principal interlocutor serbio en las negociaciones con la UE, dimitió el miércoles, y su partido (G17) tiene previsto decidir este fin de semana si sus otros ministros deben dimitir o no.
La continuidad del Gobierno de Kostunica depende también del respaldo del Partido Socialista de Serbia, que sigue vinculado al legado del fallecido Slobodan Milosevic, una formación que se opone con fuerza a las detenciones de los inculpados por el Tribunal de La Haya y que no acepta la colaboración.
Por si no fuera ya la situación suficientemente precaria, el ministro serbio de Asuntos Exteriores y presidente del Movimiento Serbio por la Renovación, Vuk Draskovic, dio a entender que su partido también iba a reexaminar su posición en el seno del Gobierno de Kostunica. "Vamos a ver cuáles son las medidas que Kostunica va a tomar", declaró Draskovic, quien reclamó al mismo tiempo que los responsables de las negociaciones con la Unión Europea "asuman su responsabilidad".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006