"Señor Moussaoui", dijo ayer la juez Leonie Brinkena, "cuando le lea su sentencia, todo el mundo en esta sala saldrá y verá el sol, escuchará a los pájaros y se verán con quien deseen. Usted pasará el resto de su vida en una prisión de máxima seguridad. Está muy claro quién ha ganado", finalizó la juez en respuesta al grito de victoria lanzado el miércoles por Zacarias Moussaoui cuando supo que el jurado le salvaba de la pena de muerte y le mandaba a una cárcel en perpetuidad. Moussaoui exclamó: "EE UU, tú has perdido. Yo he ganado". Ayer gritó de nuevo: "¡Dios salve a Osama Bin Laden, ustedes nunca le cogerán!". Brinkena le leyó su sentencia y le anunció que "se pudrirá en la cárcel".
Brinkena y Moussaoui remataron con estos intercambios verbales dos meses de juicio que vieron su final el miércoles por la tarde al dictar el jurado sentencia. No todos los 12 miembros del jurado estaban convencidos de que Moussaoui, de 37 años, francés de origen marroquí y único procesado en EE UU por los ataques del 11-S, hubiera tenido un papel relevante en la planificación de los atentados, a pesar de que se implicase. Moussaoui se encontraba en la cárcel -detenido por violar las leyes de entrada a este país- el 11 de septiembre de 2001. Era absolutamente imposible situarle en la escena del crimen.
Moussaoui intentó interrumpir a la juez mientras le dibujaba su futuro, pero ésta mujer menuda de 61 años habló por encima del acusado de complicidad en los atentados del 11-S. "Nunca tendrá la posibilidad de volver a hablar de nuevo y éste es un fin más que apropiado". Brinkena sentenció a Moussaoui a seis condenas perpetuas sin la posibilidad de libertad condicional.
Cuando llegó el turno de que hablaran algunos familiares de las víctimas, Moussaoui les miró atentamente pero impasible. "Todavía queda el día del juicio final", dijo Lisa Dolan, cuyo marido, Bob, murió en el ataque del Pentágono, muy cerca de Alexandria, donde se celebró el juicio. Los familiares contuvieron la emoción. No hubo llantos. Moussaoui contestó: "Dice que destrocé una vida y que perdió a su marido. Quizá algún día pueda reflexionar sobre cuántas vidas ha destruido la CIA. Son hipócritas. Su humanidad es una humanidad selectiva. Sólo sufren ustedes".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006