El Vaticano frenó ayer sus contactos con Pekín y condenó con excomuniones y palabras durísimas la llamada Asociación de la Iglesia Católica en China, dirigida por el Partido Comunista local. La crisis entre la Santa Sede y la gran potencia asiática fue provocada por la consagración de dos obispos sin autorización del Papa y pareció alejar la perspectiva de un restablecimiento de las relaciones diplomáticas, rotas en 1951 por Mao Ze Dong.
El Gobierno de Pekín afirmó, por su parte, que la condena papal "carecía de sentido". La Asociación de la Iglesia Católica, más conocida como Iglesia Patriótica, respeta los dogmas y las liturgias establecidas por el Vaticano, pero considera al Partido Comunista, y no al Papa, como autoridad suprema. Cuenta con unos cuatro millones de fieles que cooperan, dentro de lo posible, con los católicos "clandestinos" (estimados en unos ocho millones) que mantienen la obediencia al pontífice romano. La Iglesia Patriótica suele funcionar como "cámara de descompresión" entre el Vaticano y Pekín y durante años el Papado ha tolerado su existencia.
El 30 de abril y el 3 de mayo últimos la Iglesia Patriótica ordenó como obispos a los sacerdotes Joseph Ma Yinglin y Joseph Liu Xinhong. No era la primera vez, pero la Santa Sede reaccionó ayer con una dureza inhabitual, quizá porque el diálogo con Pekín es una de las cuestiones que más interesan a Benedicto XVI. El portavoz de la Santa Sede, Joaquín Navarro-Valls, emitió un comunicado en el que se afirmaba que el pontífice había recibido la noticia "con gran malestar" porque la ordenación se había realizado "sin respetar las exigencias de comunión con el Papa". "Se trata de una grave herida infligida a la unidad de la Iglesia, para la cual, como se sabe, están previstas severas sanciones canónicas". Las sanciones, establecidas en el canon 1382 del Código de Derecho Canónico, eran de excomunión para los dos nuevos obispos y para los obispos que cooperaron y celebraron su ordenación.
La Santa Sede añadió que, "según informaciones recibidas", obispos y sacerdotes habían sido sometidos por parte de "organismos exteriores a la Iglesia" a "fuertes presiones y amenazas", a fin de que aceptaran "unas ordenaciones ilegítimas y contrarias a su conciencia". "Varios prelados rechazaron tales presiones, mientras otros no pudieron hacer más que aceptarlas con gran sufrimiento interior". "Estamos, pues", seguía el comunicado, "ante una grave violación de la libertad religiosa".
Otros obispos chinos han sido ordenados en el pasado por la Iglesia Patriótica, excomulgados y al fin perdonados cuando han hecho saber al Papa que mantenían su obediencia a Roma. El juego forma parte de la gradual aproximación entre el Vaticano y Pekín. Pero el difícil equilibrio mantenido en los últimos años entró en crisis ya en octubre pasado, cuando las autoridades chinas impidieron que cuatro obispos viajaran a Roma para participar en el sínodo. La reacción de ayer enlazaba con esa prohibición.
El Ministerio de Exteriores de China emitió a su vez un comunicado en el que afirmaba que las dos ordenaciones episcopales reflejaban "plenamente la opinión mayoritaria de los fieles" y, por tanto, las condenas del Papa "carecían de sentido". "Nuestra actitud respecto a la mejora de las relaciones entre China y el Vaticano es sincera y hemos realizado esfuerzos importantes", dijeron también las autoridades chinas, que justificaron las ordenaciones por el hecho de que había en el país unas 40 sedes episcopales vacantes.
Pese a la dureza verbal del comunicado, la Santa Sede reiteró su voluntad de reanudar "un diálogo honesto y constructivo" con el Gobierno chino. "Iniciativas como las citadas (la ordenación de los dos obispos) no favorecen tal diálogo, sino que levantan nuevos obstáculos", concluyó.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006