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El acusado de dos homicidios confiesa en el juicio ser el autor del crimen

El reo por los asesinatos de Collado se enfrenta a 38 años de cárcel

Daniel M. M., preso por el doble asesinato de Collado Mediano, admitió ayer en su juicio ser el autor de ambos crímenes, que atribuyó "a un accidente". Ante el tribunal del jurado, el reo señaló que mantuvo un forcejeo con la víctima y que se le escapó un disparo, y que a raíz de ahí perdió el control de sus actos y efectuó otros disparos, pero sin saber qué hacía ni qué estaba ocurriendo. "Fue como si me estallara la cabeza", declaró.

El doble asesinato del constructor Ramón Luque y su hija se produjo el 29 de diciembre de 2003 en la casa que ambas víctimas poseían en Collado Mediano. Un mes antes de los crímenes, el acusado -que se enfrenta a una petición del fiscal de 38 años de cárcel- había sido despedido de su trabajo por el constructor. Las acusaciones barajan como móvil una venganza o un robo en casa de las víctimas para recuperar una supuesta deuda del empresario con el acusado.

Junto a Daniel M. M., también se sientan en el banquillo su padre, el agente del Cuerpo Nacional de Policía Daniel M. R., y Crisantos M. R., encargado de obras, hermano del anterior y tío del autor confeso de los disparos. Para ambos, el fiscal reclama 20 años de cárcel como cooperadores necesarios, dado que entiende que el doble crimen fue planeado por los tres acusados.

Daniel M. M., de 30 años, sólo contestó a las preguntas que le formuló su abogado y rehusó contestar al fiscal y a los abogados de las víctimas. Éstos, no obstante, leyeron en voz alta toda una batería de preguntas con vistas a que, aún sin respuesta, constasen en el acta.

El día de los hechos, Daniel M. M. acababa de llegar de Portugal en un viaje que hizo junto a su padre y su tío. Señaló que los tres viajaron a La Guardia (Portugal), como habían hecho otros años, para comprar regalos de Navidad. A la vuelta de Portugal, el acusado pidió a su tío, que conducía el coche, que le llevase a casa de Luque. Confesó que quería "pedirle perdón" por los problemas laborales que habían mantenido ambos y, además, "tantear el tema" del dinero que supuestamente le adeudaba el constructor tras el despido. Los abogados de las víctimas sostienen que el motivo real de la visita fue robarle los 70.000 euros que la víctima guardaba en su vivienda. Daniel M. M. trabajó para Luque hasta noviembre de 2003.

Daniel M. M. llegó a casa de Luque portando una pistola en el bolsillo interior de su chaqueta. La pistola la había adquirido en el viaje a Portugal. Según confesó, se dio cuenta de que llevaba el arma ahí al llegar a la casa de Luque y quitarse la chaqueta. El problema, según él, surgió cuando el constructor vio también la pistola y le increpó por ello. La situación derivó entonces en un forcejeo del que resultó un primer disparo. "Sé que acabé con el arma en la mano y que disparé un montón de veces. Pero no sé lo que hacía, fue como si la cabeza me estallara a mí y lo único que hacía era llorar como un energúmeno", confesó el procesado. Los abogados de la acusación afirman que el crimen no fue un accidente. Una de las pruebas que esgrimen es la corta distancia desde la que efectuó los disparos. El constructor recibió uno de los tres disparos en la cabeza desde una distancia de dos centímetros. La hija salió en defensa del padre y recibió otros cuatro disparos, uno de ellos en el cuello "y a cañón tocante", según las acusaciones.

Los otros dos procesados en este doble crimen -el padre y un tío de Daniel M. M.- tampoco contestaron a las preguntas del fiscal. El tío, Crisantos M. R., alegó problemas neurológicos y de audición. Aseguró que, cuando llevó a su sobrino en coche hasta la casa de la víctima tras volver de Portugal, ignoraba sus planes. La acusación particular creen que sí lo sabía y aduce que ocultó el coche para que no les vieran mientras su sobrino cometía los crímenes. Crisantos afirmó que el coche estuvo a la vista de todo el mundo. Mientras cometía los crímenes, su tío y su padre le esperaron en el coche.

El padre del principal acusado, policía destinado en el Congreso de los Diputados en el momento de los hechos, también negó su implicación en los crímenes. "Soy una persona con una conducta intachable, y siempre lo he sido y siempre lo seré", declaró. Al igual que el tío, el padre afirmó que no notó nada en la conducta de su hijo cuando éste regresó al coche.

El juicio, que preside la magistrada Carmen Compaired, se celebra en la Sección Segunda de la Audiencia de Madrid y proseguirá hoy.

Pasteles delatores

Desde que ocurrieron los crímenes, el 29 de diciembre de 2003, hasta que fue detenido el principal implicado transcurrió más de un mes. Una pista clave para la policía fue una caja de pasteles hallada en casa de las víctimas. El acusado afirma que llevó los pasteles para congraciarse con su anterior jefe y como forma de pedirle perdón por el daño que hubiese podido acarrear a la empresa mientras trabajó en ella. La policía supo que los pasteles habían sido comprados en Yepes (Toledo) y comprobó que los acusados tenían relación con este municipio.

Las acusaciones particulares piden 52 años de prisión para cada procesado. Las defensas de Daniel M. R. y de su hermano solicitan la absolución. En cambio, el letrado defensor del principal acusado, Daniel M. M., reclama 10 años de prisión. Ayer explicó que su defendido ha reconocido la autoría de los disparos, si bien entiende que fue "un desgraciado accidente".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006

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