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Reportaje:

El club del arco iris

La sección de fútbol 7 del Halegatos es la primera escuadra gay campeona de una Liga municipal en España

Justo ahora, con los sarpullidos que ha provocado la Liga recién conquistada por el Barça, resulta que Madrid cuenta con un equipo de fútbol que es la comidilla de Europa. No es el Real Madrid, inmerso en la crisis, sino el club deportivo Halegatos, que el 9 de abril se proclamó campeón de una de las ligas de fútbol siete del distrito de Usera. Una hazaña que, unida a sus victorias en cuadrangulares de París y Barcelona, le aúpan como la asociación de homosexuales (www.halegatos.com) con el palmarés más brillante del continente.

"Sí, salvo un par de heterosexuales a los que les da igual, todos somos homosexuales, ¿pero acaso se pensaban que jugaríamos con bolso?", expone José Luis E. S., de 42 años y economista, orgulloso de formar parte del primer equipo gay que conquista una liga municipal en España. "¿Cómo íbamos a impedir la presencia de gentes con otros gustos? Nosotros no discriminamos", apunta Antonio F., el delegado de grupo. Con más de 500 miembros, Halegatos, con secciones que abarcan desde la natación al voleibol y el baloncesto, es el mayor club de gays -salvo en badminton, apenas hay mujeres- del Estado.

"Ni tiramos jabones al suelo ni competimos con uñas de plástico", responden a los clichés

La intención del club es normalizar la presencia de los gays a través del deporte

"Nuestra asociación nació en 2001, cuando nos emancipamos del COGAM (Colectivo de lesbianas, gays, transexuales y bisexuales de Madrid) para formar una institución puramente deportiva", señala Fran P., defensa de 40 años y uno de los padres fundadores. Los orígenes se remontan a 1998, cuando los Gay Games de Amsterdam, adonde acudieron más de 15.000 participantes, de los que 17 eran españoles. ¿El propósito? "Normalizar la presencia de los gays a través del deporte", explica Óscar López, vicepresidente y nadador, mientras apura un café. Poco a poco lo consiguen. "A veces la presión es doble, te sientes en el punto de mira y la descalificación es más fácil", cuenta Miguel R., al que le siguen haciendo bromas referentes "al cachondeo de las duchas" cuando reparte propaganda para captar socios. "Ni tiramos jabones al suelo ni competimos con uñas de plástico", son algunas respuestas a los clichés. "Por cierto, nadar al estilo mariposa requiere mucha técnica y fuerza", apostilla un veterano.

Unos estereotipos que no llegan a los excesos de países como Nigeria, donde el Gobierno invitó a futbolistas como Jay-Jay Okocha y Nwankwo Kanu a no llevar pendientes, rastas y trenzas porque, al parecer, tales accesorios fomentan el amor entre hombres. O, como ya dijo el ex seleccionador de Uruguay Jorge Fossati, "hay ciertas normas que salvaguardar; un gay sería una influencia perturbadora en el vestuario". Las que persisten son las malas formas, en las que se opta por el insulto fácil. "A veces escuchas un comentario irónico, del estilo 'cómo te dejas entrar así por un mariquita', pero o la mayoría de nuestros rivales no lo saben o no les importa", esgrimen en todas las secciones consultadas. "Los entrenadores siempre han inculcado que eres una niña si no metes el codo", expone Fernando, ala-pívot que opta, como casi todos, por no decir ni la inicial de su primer apellido.

"Por nosotros no hay problema, les hemos estrechado la mano", confirma Álvaro Cerreño, electrónico de 35 años, cuyo equipo acaba de ganar a los Halegatos de baloncesto. "Les llevo arbitrando un tiempo y nunca hubo una gresca por ese motivo", comenta Guillermo Díez al término del partido.

Otra cuestión es que un deportista de alto rango salga del armario. "No es lo mismo decirlo si eres presentador de televisión que jugador del Madrid", observa Roberto G., delantero de 32 años aspirante a funcionario. Una excepción, y extranjera, es la de Bruce Hayes, oro olímpico con EE UU en Los Ángeles 84, que durante sus dos años de trabajo en la filial de IBM en Madrid asesoró a la sección de natación. "Fijo que hay más de uno en la ACB", coincide Francisco Ortega, embozado en una camiseta de sus tiempos en Cartagena, en infantería de marina, y responsable de la sección de baloncesto. Sólo a la espera de algún valiente que salga del armario se entiende el revuelo que ocasionó un episodio de una serie de televisión donde un supuesto futbolista reconocía sus apetencias sexuales por lo masculino. "Era ficción, pero fue decirlo y firmar un par de contratos publicitarios", se ríe José García Vázquez, secretario de la federación internacional de gays y lesbianas.

Un mundo ideal que apenas saboreó Justin Fashanu, el primer futbolista negro valorado en un millón de libras en el Reino Unido que además proclamó su homosexualidad. Ocurrió en 1990, en el tabloide sensacionalista británico News of the World. Ocho años después, Fashanu -que le marcó un gol tan extraordinario al Liverpool que dio la vuelta al mundo- se ahorcaba al no soportar más la polvareda que levantó su supuesto abuso sexual de un menor de 17 años. Para evitar posibles calumnias de tal calibre, los estamentos de Halegatos prohíben la entrada a los menores de 18 años.

Entretanto, 500 homosexuales prosiguen en Madrid con su conquista político-deportiva de mentes y corazones. "Lo nuestro se normalizará de 10 a 15 años", desea Fran, que lamenta el poco respaldo de las instituciones. "En Barcelona, que celebrará los Eurogames de 2008, lo tienen más fácil", suelta Siro Jiménez, que cuenta los días para festejar los Juegos del Sol, a finales de junio.

Ataviados con camisetas de antiguos patrocinadores, los halegatos escudriñan el horizonte en busca de nuevas marcas. "Entonces sí podríamos costearnos el jugar en categoría regional", plantea José Luis. Algo que parece que ha logrado la escuadra de voleibol, de las mejorcitas de Madrid. Al menos, la batalla más importante, la de la normalización, derriba cada día alguna barrera. "Aunque siga habiendo heteros que se sigan sorprendiendo cuando les ganamos", puntualiza Fernando. "Total, si somos gays...", concluye Óscar.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006