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Editorial:

La paz, según Olmert

Ehud Olmert ya está oficialmente investido primer ministro de Israel. Pasó ayer la prueba del Knesset desglosada en una coalición algo menos sólida de lo que las cifras parecen decir, con su base en el partido Kadima del propio líder -29 escaños-, el laborismo -19- y la fuerza religiosa sefardí, Shas, con 12, que ve con mitigado entusiasmo la idea de desmantelar colonias en Cisjordania. Con un equipo en el que el ex laborista y cinco veces jefe de Gobierno Simón Peres será ministro de Desarrollo Regional y viceprimer ministro, Tzipi Livni de Kadima, primera vice y ministra de Exteriores, y el líder laborista Amir Peretz, titular de Defensa, Olmert quiere poner en práctica un plan que llama de convergencia y que afectará a unos 60.000 colonos, para anexionarse, en cambio, las grandes aglomeraciones del territorio, con cerca de 200.000 habitantes.

Las fronteras de Israel, según el plan de Olmert, seguirán con algunas modificaciones el tendido del muro de 700 kilómetros, ya muy avanzado, para separar a la gran mayoría de los tres millones de palestinos que viven en Cisjordania y Gaza de los seis millones de israelíes en el resto del antiguo Mandato. Ello dejará del lado israelí la ciudad árabe de Jerusalén, donde se hallan los Santos Lugares del islam, el judaísmo y el cristianismo, y que la Autoridad Palestina aspira con más ilusión que convencimiento a convertir en su capital. El primer ministro exhortó a la AP a negociar estas modificaciones de acuerdo con la Hoja de Ruta, pero puntualizando que eso sólo sería posible con el presidente Mahmud Abbas y no con el Gobierno que domina el grupo terrorista Hamás, vencedor en las elecciones de enero. Eso significa que la AP debería acabar antes con el terrorismo palestino, sea el de Hamás, que lleva más de un año en tregua, o de la activa Yihad.

Pero Olmert no menciona que la Hoja también exige que cese la colonización, lo que ningún primer ministro israelí se ha propuesto jamás. Y ese plan, que presentará a Bush el próximo 23 en Washington, no puede ser de recibo para Abbas, que reclama una retirada virtualmente total a las líneas de junio de 1967, como establece la ONU.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006