Después de sucesivas prórrogas, salpicadas de insistentes rumores sobre su captura inmediata, la Unión Europea ha suspendido sus conversaciones de preaccesión con Serbia por incumplir sus promesas de entregar al Tribunal de La Haya al genocida Ratko Mladic, responsable de las peores atrocidades de la guerra de Bosnia, entre 1992 y 1995. La UE se dice dispuesta a reanudar el diálogo con Belgrado en cuanto sus autoridades pongan a disposición de los jueces al general fugitivo, el hombre más buscado de Europa junto con su jefe político, Radovan Karadzic.
El primer ministro serbio, Vojislav Kostunica, un nacionalista y renuente demócrata, ha hecho una llorosa declaración afirmando que su Gobierno ha hecho lo imposible por apresar a Mladic, que según Kostunica huye solo, privado ahora de la red oficial que ha asegurado su impunidad durante los últimos años. El jefe del Ejecutivo prometía en marzo a la fiscal Carla del Ponte la entrega de Mladic en plazo para evitar la decisión anunciada por la UE, decisión que ha motivado la dimisión del viceprimer ministro Miroljub Labus, un liberal cuyo partido decidirá en los próximos días si se mantiene o no en la frágil coalición que dirige el país balcánico.
Constituye un secreto a voces el nulo aprecio serbio por el Tribunal de La Haya. Como lo es el hecho de que Mladic ha gozado hasta hace cuatro días de la protección de la inteligencia militar de Belgrado, algo admitido incluso en un informe secreto del Ministerio de Defensa de enero pasado. El autor de la histórica masacre de Srebrenica ha recibido asistencia en hospitales de la capital serbia y ha sido visto en bodas y restaurantes. Kostunica quiere, sin duda, liquidar un asunto que hipoteca decisivamente el futuro del país, pero sabe que Mladic es considerado todavía un héroe nacional por muchos serbios. Y a diferencia de su predecesor asesinado Zoran Djindjic, que metió al supremo Slobodan Milosevic en un avión rumbo a La Haya, quiere hacerlo con el menor coste político para sus expectativas electorales. Presumiblemente, la muerte de Milosevic en su celda holandesa ha quitado fuelle a la supuesta decisión de Mladic de entregarse si se cumplían una serie de condiciones.
Con toda su gravedad, el asunto Mladic, que anticipa horizontes de crisis política en Serbia, es sólo uno de los desafíos inmediatos de Belgrado a la hora de confirmar su futuro billete en el tren europeo o su condición de pasajero en tierra. Los otros dos retos de máxima envergadura son el referéndum sobre la independencia de Montenegro, este mismo mes, el minúsculo país con el que Serbia comparte ahora una unión nominal; y las negociaciones sobre el definitivo estatus constitucional de Kosovo, su antigua provincia de mayoría albanesa, abocada a la independencia. En este escenario complejo, en el que puede acabar perdiendo ambos territorios -Montenegro y Kosovo-, los radicales ultranacionalistas serbios encabezan en todos los sondeos las preferencias de voto.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006