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CARTAS AL DIRECTOR

Sobre las fábricas de celulosa

En referencia a las fábricas de celulosa, se han publicado en EL PAÍS varias cartas al director con datos falsos e indudable intención de crear alarma social. Así, se ha publicado que "la industria papelera es de las más contaminantes que existen en el planeta y por esa razón se instalan en el Tercer Mundo" (7-3-2006); se ha alertado contra el proceso ECF y contra los vertidos de cloro e hidróxido (11-3-2006), y también "... tecnología Kraft, lo que supone una liberación de dióxido de cloro al río Uruguay, muy dañina para la salud humana y el medio natural" (27-4-2006).

En las fábricas de celulosa no se vierte cloro, ni siquiera se hacía cuando no se habían desarrollado las nuevas tecnologías de blanqueo. Tampoco se vierte dióxido de cloro ni hidróxidos. Los efluentes de estas fábricas se depuran en lagunas aireadas o en procesos de lodos activos donde intervienen microorganismos, incompatibles con la entrada de residuales de esos productos.

Por otro lado, el proceso Kraft es dominante a escala mundial en la producción de pastas químicas, por la calidad del producto, porque genera energía a partir de biomasa y por su mejor comportamiento medioambiental. El proceso al sulfito, principal competidor, se encuentra en regresión. Según los datos de la FAO de 2002, los países desarrollados tienen el 76,5% del total de la capacidad de producción de pasta química (procesos Kraft y sulfito). En cuanto al blanqueo de las pastas, el proceso ECF está considerado, junto al TCF, como "mejor tecnología disponible en la industria de la pasta y papel", tanto por la Comisión Europea en su documento Integrated Pollution Prevention and Control (IPPC) como por los EE UU en las Cluster Rules publicadas por la Environmental Protection Agency.

Las nuevas capacidades se instalan donde hay materia prima; también en el primer mundo. En 2004, el señor Kohl presidió la inauguración de una fábrica Kraft de 552.000 toneladas al año en Stendal (Alemania), a 500 metros de una reserva de la biosfera en un país con altísima conciencia medioambiental y perteneciente al G-7. Ante hechos como éste, parece evidente que nosotros también deberíamos erradicar los viejos sofismas del debate ambiental.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006