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MIRADOR

A perpetuidad real

"Dios maldiga a Estados Unidos, Dios bendiga y salve a Osama Bin Laden". Con estas palabras recibió el veredicto de culpable Zacarias Moussaoui, el único terrorista juzgado en EE UU por el atentado del 11-S. Muchos piensan que hizo todo lo posible para ser condenado a muerte. Si así fuere no lo ha conseguido. Acusado de haber participado en los preparativos del ataque contra las Torres Gemelas y el Pentágono, Moussaoui, ciudadano francés de origen marroquí ha sido declarado culpable y condenado por un tribunal estadounidense a pasar el resto de su vida en prisión, sin posibilidad de perdón ni remisión y en pleno aislamiento. Aunque el reo ya estaba en prisión cuando se produjo el ataque terrorista, se da por probado que fue parte de la organización, que recibió clases de pilotaje para participar en el mismo y que podía haber evitado la tragedia si hubiera colaborado con el FBI cuando fue interrogado en los meses previos a los ataques. Muchas habían sido las voces que exigían la pena de muerte para Moussaoui, desde familiares de víctimas hasta el alcalde de Nueva York en la fecha del ataque, Rudolf Giuliani.

Que como culpable de casi 3.000 muertes, que este único responsable directo capturado vivo no sea condenado a la máxima pena ha sorprendido muy desagradablemente a parte de la opinión pública estadounidense. Sin embargo, la sorpresa reconforta a todos los adversarios de la pena de muerte, que constatan que entre los 12 miembros del jurado se han impuesto quienes, aunque decididos a castigar de forma draconiana un crimen monstruoso, han optado por no recurrir a la pena capital. Parece claro que no sólo para negarle la supuesta gloria de mártir.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 5 de mayo de 2006