Resulta perfectamente comprensible que la muy poderosa familia de Mohammed Mizzian, el militar marroquí de mayor graduación en la historia de ese país,
quisiera reunir objetos personales, documentos y otros testimonios de la extraordinaria vida de este temible guerrero que fue capitán general español por la gracia de Francisco Franco y aguerrido mariscal del Ejército marroquí por la de Mohammed V. A nadie debiera sorprender tampoco que sus seis hijas recibieran con gratitud a numerosas personalidades marroquíes y extranjeras en la inauguración de la casa museo que es resultado de este esfuerzo y se halla en Beni Ensar, cerca de Nador. Fue el pasado día 27 de mayo.
Lo que realmente no parece ya demasiado lógico es que a esta ceremonia asistiera una delegación oficial española de nada menos que cinco miembros, encabezados por el embajador de España en Marruecos, Luis Planas. Sin duda, el general Mizzian fue "el más destacado vínculo de la cooperación militar entre España y Marruecos
" en el pasado, como se dijo en el acto. Pero lo fue de una cooperación a recordar para que jamás se repita, y que en absoluto merece ser homenajeada, y menos por el máximo representante de la España democrática en Marruecos.
El coronel Mizzian fue, desde el primer momento del golpe de Estado del 18 de julio de 1936, responsable de unas tropas marroquíes que sembraron el terror por media España por encargo expreso del general Franco. El grado de horror de su muy ganada fama era un instrumento de guerra más. Son innumerables los testimonios de la conducta bárbara de las tropas de Mizzian durante la guerra española, pero también, más tarde, en Marruecos, sobre todo en la represión de la sublevación del Rif. El embajador de España en Marruecos tiene muchas obligaciones de cortesía en aquel país. En el homenaje a Mizzian estaba fuera de lugar.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2006