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Entrevista:JOSÉ RAMÓN CARRERA | Escultor

"La simplicidad en escultura es clave"

El escultor José Ramón Carrera (Madrid, 1935) se ha convertido, muy a su pesar, en un hombre apartado del mundo del arte. Llevaba mucho sin exponer. Cuando lo hizo, años atrás, en Bilbao se acreditó como uno de los autores más cualificados dentro de la llamada escultura vasca. Vive sólo, pero se mantiene vivo rodeado de sus potentes y originales obras, al tiempo que trata de seguir en la brecha creativa.

Pregunta. ¿En sus esculturas existe la imperiosa necesidad de armonizar los contrarios, por ejemplo el caos y el orden?

Respuesta. Así sucede en la vida misma, donde conviven permanentemente los contrarios.

P. ¿Pueden convivir lo geométrico y lo orgánico?

R. Por fuera, muchas de mis esculturas son geométricas y en el interior son orgánicas. Esto que llamo orgánico lo baso en la imagen de las cuevas. Me causó un impacto muy fuerte ver las cuevas de Santimamiñe, de ahí que en ciertas esculturas mías existan esas ranuras que invitan al recoveco y la cueva.

"Hierro y roble son los dos elementos más simbólicos del país: el roble es el árbol sagrado y el hierro, el origen de la riqueza de este país"

"El galerista también es el que institucionaliza, de alguna manera, una escultura, pero es el tiempo el que hace las cribas correspondientes"

P. ¿Cómo surgió la idea de crear esculturas con articulaciones móviles?

R. En una ocasión tuve que mandar a una exposición una estela funeraria para el arte. La diseñé en tres piezas. Para poder articularlas unidas cree un eje y, de ese modo, empezaron a moverse de por sí, creando una dinámica. Así, el espectador podía tener una participación directa en la creación o recreación pasando de las dos dimensiones, cuando está fija, a las evidentes tres, cuando se mueve, donde también se introduce el concepto del tiempo.

P. ¿Es una especie de lucha contra la unidad? ¿Una sola pieza deja de ser una para convertirse en cuatro?

R. Al convertirse en más de una escultura se ha roto la idea de unicidad.

P. ¿Qué significa el hierro para usted?

R. Tengo un apego personal muy especial con el hierro, porque el padre de mi primer amigo en el colegio de los Escolapios tenía un taller de calderería. Él me enseñó a soldar y a tener relación con el hiero. Además, por tomar contacto con el país y la industria, hice un recorrido que empezó en San Antón y acabó en Portugalete, cruzando todas las fábricas. Entonces no había que llevar casco ni control alguno. Me metí por todos los altos hornos y me puse de hierro a tope. Lo que tienes en el país es hierro. Un escultor en el país del hierro trabaja el hierro. También he hecho esculturas en roble. Hierro y roble son los dos elementos más simbólicos del país: el roble es el árbol sagrado por excelencia y el hierro, el origen de la riqueza de este país.

P. ¿Pocas líneas, pero profundas, dicen más que muchas si son superficiales?

R. Esto me recuerda lo que dice Nietzsche en un aforismo: "Me gustaría decir en líneas lo que otros no dicen en un libro". Creo mucho en la intensidad de cada palabra. De hecho, la poesía que más me impresiona es la escueta, por ejemplo, la de Blas de Otero y San Juan de la Cruz. Lo mínimo de lo mínimo. También la poesía china y japonesa. También creo que en escultura la simplicidad, no en el sentido simplista, es clave. No me gusta que haya demasiado arabesco en las esculturas. Me gusta la simplificación y la concisión.

P. ¿Si alguien dice que aquella obra es arte, lo es verdad o sólo de palabra?

R. En principio sólo lo es de palabra. Es creativo el que hace una escultura. Los críticos son los que recrean esa escultura o la convierten en obra de arte. Estos críticos de arte tienen que ser creativos para ver que aquello es una obra de arte. Es verdad que si una obra se muestra en una galería de arte, se supone que es una obra de arte. El galerista también es el que institucionaliza, de alguna manera, una escultura dándole acogida en su espacio, pero es el tiempo el que se encarga de hacer las cribas correspondientes.

P. ¿Un artista puede concebir el arte de los otros mejor que el suyo propio?

R. La mayoría de los artistas tienen una gran incapacidad de entender el arte ajeno.

P. ¿Por qué los actos de la imaginación no habrían de ser tan reales como los de la percepción?

R. El pensamiento tiene una realidad interior, pero mientras no quede ese pensamiento plasmado en una acción concreta no se podrá hablar de realidad exterior. La realidad es tanto exterior como interior, porque mis pensamientos, mis fobias y todos los pensamientos inconscientes que tengo, los voy irremediablemente a proyectar sobre lo que estoy percibiendo.

P. ¿Todas las artes guardan un parecido de familia?

R. Hay que volver al principio. Hemos cazado un bisonte. Luego con la maza empiezo a dar golpes. Tú te animas y empiezas a moverte e inventamos la música de una sola pasada. Con el lenguaje pasa igual, "dáme la maza, o lo que sea". Hay que esperar unos cuantos miles de años para ver que cada palabra puede tener un doble significado, uno práctico y otro mental que nos sugiere cosas. Con la escultura pasa algo parecido. Primero trazas una maza de madera. Luego la empiezas a tallar un poco y le pones punta porque es más eficaz para cazar. Hay que esperar unos cuantos miles de años para que, enredando con el barro y las piedras, a alguno se le ocurriera esculpir un bisoncito o una preciosa mujer desnuda. Y eso no es algo práctico, sino que posee una utilidad mental. Luego, con el paso de miles de años, todo eso se va ampliando hasta llegar a estos conceptos actuales de la escultura, que son sumamente mentales.

P. ¿Una obra de arte es básicamente una proposición analítica?

R. Una obra de arte en principio es una descarga emocional con un artista que hace algo concreto. Escultura, pintura, poesía, lo que quieras. Creo que el análisis viene después. Análisis significa dividir. Cuando está ejecutando la obra no creo que el artista tenga ninguna vocación de análisis, salvo en el caso de las esculturas experimentales, como pueden ser los minimalistas, que han gestado antes sus esculturas en la cabeza y en proyecto durante mucho tiempo. Se empieza a hacer algo sin una idea previa. El análisis acaece en la medida que lo vas construyendo.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 6 de junio de 2006