Voces. A capella. O con el tambor langoro y el katsa -una lata de conservas que se llena de piedrecitas o semillas y se agita- y las siempre universales palmadas. Tiharea -que significa en malgache riqueza, abundancia- trae canciones propias y adaptaciones de temas tradicionales: cantos sobre la educación de los hijos, la rivalidad por convertirse en la esposa favorita del marido polígamo, o historias de mujeres que van a buscar el agua a kilómetros de distancia con su criatura a cuestas y aún encuentran ánimo para sonreír. Dicen ellas que en las aldeas de Madagascar se hace todo cantando y, oído lo oído, resulta muy creíble.
Hace millones de años que la isla Roja -su superficie es mayor que la de España- se desgajó del continente africano, alejándose por el Índico. Igual que alberga especies vegetales y animales únicas, su música también lo es: Justin Vali, Mahaleo, D'Gary, Régis Gizavo, Rakoto Frah, Rossy, Tarika... Artistas y grupos de un crisol de culturas y razas -navegantes malayo-polinesios desembarcaron en unas playas a las que más tarde arribarían árabes y esclavos negros, indios, portugueses, británicos o franceses-. Marie-Chantal (Talike), Adelaïde (Delake) y Victoire Madeleine (Vicky), las tres hermanas Gellé, que de pequeñas cantaban en una coral, emplean técnicas vocales como las de las famosas voces búlgaras para sus estimulantes polifonías.
Tiharea
Marie-Chantal (voz y langoro), Adélaïde (voz y katsa) y Victoire Madeleine Gellé (voz). Galileo Galilei. Madrid, 28 de junio.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 30 de junio de 2006