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Crítica:

Peloteo al pelotero

El título es una auténtica declaración de intenciones: Amando a Maradona. De modo que el resultado sólo podía tener un carácter: hagiográfico. Así es este documental argentino rodado en 2005 que, teniendo en cuenta las constantes subidas y bajadas que ha experimentado la existencia del ex futbolista, tiene una consecuencia clara: se ha quedado antiguo. Después de ver al saludable ser humano que en estos días comenta los partidos del Campeonato del Mundo, la presencia y las palabras del penúltimo Maradona, el atiborrado de kilos y de mente no del todo lúcida que se exhibe en la larga entrevista del documento, suenan, afortunadamente para él y desgraciadamente para la película, a producto del pasado.

AMANDO A MARADONA

Dirección: Javier Vázquez. Género: documental. Argentina, Nueva Zelanda, 2005. Duración: 75 minutos.

El argentino Javier Vázquez ha construido una reverencia al mito un tanto desordenada en la que no hay un hilo conductor claro. Si acaso, las canciones de amor que desde muy distintos puntos del mundo (Cuba, Brasil, Italia, Argentina) se han confeccionado con Maradona de protagonista. Una guía de interés más que discutible para el espectador, que espera a lo largo de todo el metraje que el repaso de la vida del astro no se quede en la superficie, en la parafernalia que ha rodeado sus días de vino y rosas, en la locura desatada alrededor de un mito que siempre ha reivindicado su carácter popular, pero no público. Por supuesto que quedan las imágenes de las portentosas jugadas de un futbolista inigualable, pero ésas ya las habíamos visto infinidad de veces.

Escuchar las palabras del tatuador que le selló en el brazo la cara del Che Guevara o emitir imágenes de una especie de misa de la autoproclamada Iglesia maradoniana puede tener cierto aliciente, siempre que aquél diga algo interesante sobre el momento del grabado y los fieles se atrevan a indagar en las llagas de su dios. Si no, todo es pura bagatela.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2006