Superman vuelve, ¿quién no lo sabía? No hay medio que no haya dedicado un buen espacio a la noticia de que la película se ha estrenado en Estados Unidos. Tal cual: la noticia ha sido que una película norteamericana se estrenaba en su país. Porque en España, tal acontecimiento, si es que realmente lo es, no ocurrirá hasta la semana que viene. Quizá es que no todos somos capaces de captar la gran magnitud de la noticia. Cada vez son más poderosas las campañas publicitarias de las grandes multinacionales.
El estreno de King Kong hace unos meses fue destacada información de telediarios, y el de Superman en América lo ha sido hasta en los espacios de cotilleos. Su recaudación en la primera semana de exhibición ha sido de cerca de 85 millones de euros.
200 millones de euros
Lo sabemos todo sobre esta quinta entrega, o así, de Superman: que ha costado aproximadamente 200 millones de euros, que se ha rodado en 118 días, que contiene 1.400 efectos digitales, incluido algún retoque en el bulto genital del actor Brandon Routh para no alarmar u ofender a nadie, que se trata de un joven de 25 años que había hecho algún papelito aislado, incluido el de un chulazo gay, que el director Brian Singer es, como Superman, hijo único adoptado, que Superman es un símbolo de esperanza para la humanidad porque viene a salvarnos del caos y la injusticia impuesta por los malos, y que los supersticiosos aseguran que la saga cinematográfica tiene mal fario para quienes en ella intervienen... Se suicidó uno de los primeros actores que interpretó al personaje, George Reeves; por su parte, la actriz Margot Kidder (novia de Superman), aunque sigue en activo, no volvió a tener un éxito parecido y hasta cuentan que perdió la cabeza sintiéndose perseguida por agentes de la CIA, por no hablar ya del accidente hípico que sufrió el bueno de Christopher Reeve... Todo se transforma en publicidad.
¿Qué pueden hacer los pobrecitos europeos o iraníes ante esta avalancha de información sesgada? Los directores Víctor Erice y Abbas Kiarostami hacen sus modestas obras en soledad, en silencio, con sigilo, prácticamente a mano o con maquinitas caseras.
Ya se ha dado cuenta en este periódico de la exquisita exposición dedicada a ambos, que ahora se exhibe en Madrid en La Casa Encendida (Ronda de Valencia, 2). Es de no perdérsela y, disculpas por mi insistencia, de forma muy especial la obra maestra de Erice La morte rouge, media hora de cine extraordinario donde el director de El espíritu de la colmena fascina de nuevo, esta vez partiendo de sus recuerdos de la primera película que vio de niño, La garra escarlata, recuerdos que él trasciende a crónica poética.
En este caso no hay gigantescas campañas publicitarias, los telediarios no suelen dedicarle espacios especiales, no figura en las portadas de las revistas, no apabullan los efectos digitales ni los millones de dólares invertidos. Se trata de cine callado y humilde, pero grande. Cine-cine.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2006