La esquela decía así: "El señor Don Celuloide, que falleció en Irán en 1997 a los 103 años de edad, después de recibir los santos sacramentos de cineastas rebeldes y la bendición del formato digital, cuando al director Abbas Kiarostami se le perdió en el laboratorio el plano final de la película El sabor de las cerezas y se vio obligado a utilizar imágenes grabadas por su hijo en Hi8...".
Y ayer, en la FNAC situada en la calle de Preciados de Madrid, celebraron el velatorio del "marchito" celuloide. En el centro, un ataúd lleno de cintas de película; en derredor, las tristes viudas del celuloide, correctamente enlutadas para la ocasión. "No hubo nada que hacer", murmuraban. "Tanto esfuerzo y tanto dinero para nada, para luego dejarnos tirados", decían entre sollozos. "¿Dónde está la ministra?", se preguntaban. "¡Subvencionando!", se respondían.
Así, con la muerte anunciada del celuloide se presentaba la V edición del Festival de Cine Chico de la Isla de La Palma, que tendrá lugar desde el día 15 hasta el 22 de julio en el municipio de El Paso. "Es un festival chiquitito, pero vamos haciendo avances, al principio sólo venían directores españoles, ahora ya podemos decir que es un festival internacional", explica José Víctor Fuentes, director del Festivalito. Este año se exhibirán 60 obras (largometrajes y cortometrajes), que se repartirán entre las cinco secciones del festival: La Palma Rueda, Mondo Digital, San Borondón, Biosfera y Retrospectiva. La sección oficial, Mondo Digital, cuenta con 24 obras: 15 cortometrajes, todos ellos españoles, y nueve largometrajes, que viajan a La Palma desde Colombia, Irán, México, España, Francia o Estados Unidos.
Y es que ha llegado la hora de la revolución. "Algunos cineastas se han rendido al celuloide, otros se van al Festivalito", declamaba Fuentes. Su lucha tiene un solo objetivo: la democratización del cine. Ellos creen en otro tipo de cine: el chico, es decir, que es aquél que con una cámara pequeña y un reducido equipo de rodaje consigue crear pequeñas grandes obras maestras. "La cámara digital es hija del celuloide, aunque estamos hartos de la etiqueta técnica de cine digital, la tecnología sólo es el medio", señalaba Fuentes.
Tras media hora de velatorio, un cura vestido de riguroso negro y coronado con un casco de policía -más bien de loca academia de policía- le administró los últimos sacramentos y dio comienzo el homenaje al celuloide por las calles de Madrid, ciudad que tantas veces ha servido de escenario al "fracasado" celuloide. Partió la comitiva de la FNAC recorriendo la calle de Preciados, cruzando la Puerta del Sol, subiendo por la calle de Carretas, con parada en los cines Ideal, y fin de trayecto en la plaza de Santa Ana -no hay que buscarle ningún simbolismo, un miembro de la organización vive ahí y así podían deshacerse del ataúd-. Toda la performance se desarrolló ante el asombro de los viandantes, que, móvil con cámara digital integrada en mano, no se resistieron a inmortalizar el acto, haciendo caso omiso de las reiteradas peticiones de intimidad de la viuda que más afectada se mostraba por el fallecimiento.
En realidad, acabaron reconociendo, han exagerado un poquito. Y es que saben que tampoco se puede prescindir del celuloide. "Sólo decimos que no es la única manera de hacer cine, queremos que se tomen en serio nuevas vías que escapen al dominio de las majors".
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2006