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Reportaje:Alemania 2006

El recogepelotas de Maradona

Cannavaro, que vivió de niño el esplendor de Diego en el Nápoles, simboliza los claroscuros de Italia

País de contrastes extremos, el capitán Cannavaro es un buen ejemplo de los claroscuros de la selección azzurra. Tras su discreta temporada en el Juventus, hoy es el defensa más en forma del Mundial. Hace unas semanas su nombre apareció en las interceptaciones de la fiscalía a Luciano Moggi, ex director general de la Juve. Se oía cómo don Luciano le pedía que presionara a Massimo Moratti, presidente del Inter, para abandonar el club de Milán y fichar por el Juventus. Su participación en el actual campeonato del Mundo está siendo impecable. Italia ha dado bandazos, pero su capitán se ha mantenido firme, infranqueable, un valor seguro para que el portero Buffon sólo haya recibido un tanto: en propia meta de Zaccardo ante Estados Unidos. Hace unos meses, un vídeo casero mostraba a Cannavaro con un suero clavado en el brazo antes de un partido de la Copa de la UEFA del Parma, su anterior equipo. Ese vídeo se difundió en pleno proceso por el supuesto dopaje de los jugadores del Juventus. "Fue una broma entre amigos", se justificó el defensa, que cumplirá 100 partidos como azzurro el domingo ante Francia en la final de la Copa del Mundo. Será el tercer italiano con más internacionalidades por detrás de Paolo Maldini (126) y Zoff (112).

"Me he preparado a lo grande para este Mundial sabiendo que sería el último", dice el central

Cannavaro es un napolitano de ley que habla el dialecto de la región y bromea a la primera ocasión. "Si lo llego a saber les traigo unas pizzas", dijo al enterarse de que el periódico sensacionalista Bild había pedido el boicoteo alemán a la más popular de las comidas italianas en protesta a los presiones azzurre para que sancionaran al mediocampista Frings. De hecho, Cannavaro poseía hasta hace poco una cadena de pizzerías por toda Italia que se llamaba Rosso Pomodoro. Es el segundo de tres hermanos (el tercero, ocho años más joven, juega en el Nápoles) y entró en el principal club de su ciudad a los 11 años. Su adolescencia coincidió con la edad de oro del Nápoles, es decir, el paso de Maradona por San Paolo. Ejerció de recogepelotas del primer equipo y también de la selección azzurra en la semifinal de Italia 90 ante Argentina. El mítico partido en el que Maradona insultó a los italianos mientras escuchaba el himno de su país. Ya como jugador del filial, cierto día marcó con dureza en un entrenamiento a Maradona y un dirigente lo reprendió. Diego, sin embargo, salió en su defensa. "Sigue así. Vas bien". Tanto que ahora Maradona, desde sus comentarios en Cuatro, lo ha encumbrado como el mejor defensa del Mundial.

Cannavaro sólo mide 1,75 metros, una rareza para el puesto de central. Lo compensa con un salto espectacular comparable al del argentino Ayala. Anticipación, agresividad y potencia se unen en un cuerpo musculoso convertido en objetivo preferido de las empresas publicitarias. También por sus ojos claros. Representa lealtad y combatividad. "Me he preparado a lo grande para este Mundial, sabiendo que sería el último", explica. Su actuación ante Alemania la coronó con una arrancada en el último minuto de la prórroga que propició el segundo gol azzurro, el que anotó Del Piero. Va camino de los 33 años y su carrera parece alcanzar su pico culminante. Completó tres cursos en el Nápoles en los que descubrió todos los secretos del puesto de central de la mano de Ciro Ferrara. Fichó en 1995 por el mejor Parma de la historia, aquel que conquistó la Copa de la UEFA de 1999. Formó una pareja de puro acero con Thuram, rival el domingo en Berlín. Su fichaje por el Inter en 2002 vino acompañado de una lesión tras otra. Entró en un túnel del que sólo escapó hace dos años al llegar a Delle Alpi y reunirse con sus antiguos compañeros Buffon y Thuram. "Si la Juve es el club más representado en las semifinales", dijo hace unos días, "nadie puede dudar de la calidad del equipo. El escándalo

[de la trama fraudulenta de Luciano Moggi] nos ha motivado. Y desde que estamos en Alemania estamos más tranquilos. En Italia nos insultaban". Cannavaro piensa ahora en la revancha de la final perdida ante los franceses en la Eurocopa de 2000. No sólo eso. Todavía guarda la marca del codazo de Guivarch en el Mundial de Francia 98, ganado por los bleus. Después de eliminar a Alemania, Cannavaro le envió un mensaje a su amigo Pessotto, el ex jugador y gerente de la Juve que se precipitó al vacío desde una buhardilla hace un par de semanas. "Espero que pueda ver la final". Hace 16 años, desde su posición de recogepelotas, Cannavaro vio cómo Maradona y Caniggia despedían a la anfitriona. El próximo domingo, Diego comprobará desde la grada si aquel ragazzo tan vehemente sabe secar a Henry.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2006