Del fútbol champagne francés no queda ni rastro. La nueva Francia es científica y racional. Tan defensiva que, tras el gol de penalti de Zidane ante Portugal en la semifinal del miércoles, se reunieron en cónclave Zidane, Makelele y Vieira y acordaron la consigna a seguir. "Felicité a Zidane por el gol y nos dijimos que debíamos reagruparnos en el plano defensivo. Portugal tenía demasiado espacio. En el segundo tiempo, hicimos un enorme trabajo defensivo", le confesó ayer el mediocentro Vieira a L'Equipe.
Bien, esta es la nueva Francia, que, sin embargo, no encabeza las estadísticas en el apartado defensivo. Aunque se aproxima. Es la segunda selección que menos remates de media recibe, con 9,6, empatada con Costa de Marfil y Alemania, pero superada, curiosamente, por España, que sólo recibió 7,5 disparos a gol. Tampoco es el equipo que más balones recupera, sino el cuarto, por detrás de Alemania, Portugal e Italia. Ni siquiera es el menos goleado, puesto que ha recibido dos tantos, por uno tan sólo de Italia. Más que los números, es la impresión que transmite el conjunto de Raymond Doménech. O mata por aburrimiento, como ante Portugal, o mata por inteligencia, como ante Brasil. Pero la impresión es que defiende muchísimo puesto que sus cuatro zagueros apenas traspasan la línea de medios. Y luego, claro, los dos mediocentros, Vieira y Makelele, siempre guardan el caserío. Sorprenderlos es dificilísimo. Sólo tres hombres, Zidane, Henry y Ribéry, tienen licencia para atacar. Por tanto, defienden ocho, atacan tres. Comparada con Italia, se aprecia que los dueños del catenaccio se han cerrado esta vez peor que sus vecinos. Francia sólo ha recibido 15 remates a portería en todo el torneo, por 26 de los azzurri. Los bleus han sufrido 129 centros al área, por 179 de los italianos. Lo que ha perdido Italia por un lado de la manta, lo ha ganado por el otro: ha marcado 11 goles por ocho de Francia, y ha rematado 93 veces por 79.
En efecto, el francés es el combinado más viejo del torneo, con más de 29,12 años de media. Al comienzo del Mundial se instalaron las dudas que la generación de Zidane ha sabido superar. "Hizo falta una cierta fuerza mental para retomar las cosas. Dentro del grupo hay jugadores muy fuertes de cabeza", explica Vieira. Y uno de ellos es sin duda Zidane, que ayer criticó a quienes se han subido ahora al carro del éxito. El capitán de los bleus, de 34 años, subrayó que quería ganar la final del domingo y dedicársela a los que les habían apoyado desde el principio. "Y no a los que se han unido por el camino". Zidane ya vivió algo parecido en el Mundial que conquistó en su país en 1998. Ya entonces fue un jugador decisivo y su entrenador en aquel momento, Aimé Jacquet, se sintió muy solo hasta alcanzar la final, como le ha sucedido ahora a Doménech. Una soledad que parece el mejor combustible que necesita Francia para crecer. "Dimos nuestra palabra: 'vamos a morir juntos' y lo hemos hecho", añadió ayer Zizou en la página web de la federación francesa. Esta es la nueva Francia. Más pragmática.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2006