"Somos serios sobre la negociación y vamos a comenzar el próximo martes", declaró anoche Ali Lariyaní, el negociador nuclear iraní, ante Javier Solana poco antes de reunirse para cenar con el Alto Representante para la Política Exterior de la UE y debatir sobre las ambiciones atómicas de Teherán y la oferta occidental para limitarlas. "Vamos a trabajar, no a hablar", adelantó Solana.
Las primeras palabras de Lariyaní en Bruselas despejaron la incógnita sobre el alcance de su visita. Era la de anoche, como estaba previsto, una ocasión informal para abordar el diferendo nuclear, que se discutirá en profundidad el día 11. En la cena, Solana expresó a su interlocutor la voluntad de la comunidad internacional de aclarar todas las dudas que el Gobierno de Teherán pueda tener sobre el plan de colaboración ofrecido hace un mes a cambio de su renuncia a enriquecer uranio.
El negociador iraní llegó a Bruselas sometido a crecientes presiones, que los europeos esperan den resultados en la reunión del próximo martes, como apuntó el propio Lariyaní. Vladímir Putin, el presidente ruso, valedor de Teherán, dijo ayer mismo que desearía ver que ya hubiera diálogo sobre la cuestión antes de la reunión de los líderes del G-8, los ocho países más industrializados, del día 15 en San Petersburgo. Mohamed El Baradei, director general del Organismo Internacional para la Energía Atómica (OIEA), abundó en la idea: "Esperamos que Irán responda pronto y positivamente a la que oferta".
La oferta incluye el proporcionar a Irán tecnología nuclear avanzada, con plena garantía de suministro del uranio enriquecido para el uso en las centrales nucleares que Teherán dice necesitar para cubrir las futuras necesidades energéticas del país. "Pedimos que Irán renuncie a enriquecer uranio como condición para empezar las negociaciones, pero no decimos que esa renuncia sea eterna", señalan fuentes europeas.
Irán insiste en que tiene derecho a enriquecer uranio para uso pacífico. La comunidad internacional no se lo niega, pero los occidentales desconfían y temen que las investigaciones acaben en el arma atómica.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 7 de julio de 2006