"Dejadle que hable. Que lo saque fuera. Dejadle que diga lo que ya no tiene fuerzas para sentir". La autora se refiere a uno de los protagonistas de "estas estampas de la Guerra Civil española" que reconstruye y recrea literariamente desde México, donde reside. Pero podría aplicarlas a sí misma. Que hable la memoria, que salga lo escondido. Sobre mis escombros es el relato vibrante de tres años cruciales en la vida de Tere Medina-Navascués, los que abarcan el periodo de la Guerra Civil española. Hija de un militar leal a la República, la narradora tenía 12 años cuando empezó la contienda y la revive en los diversos escenarios por los que transitó con su familia hasta tener la fortuna de encontrar un lugar donde vivir en México. Éste es un libro emocionante y transversal en el que la escritura se hace narración, pero partiendo de hechos reales que se avistan desde el presente, fundiéndolos con éste.
SOBRE MIS ESCOMBROS
Tere Medina-Navascués
Mono Azul
Sevilla, 2006
168 páginas. 17 euros
Tere Medina-Navascués no es una figura de primera fila del exilio ni forma parte de las voces femeninas consagradas que han dejado escrita su experiencia vital, pero su libro no es uno más sobre las desdichas de la población civil durante aquel funesto periodo de guerra. "Que cada uno nos cuente la historia con su verdad", escribe la autora, "porque esas verdades, juntas" harán que la historia sea tal vez más verdadera. En estas estampas de expresión intencionadamente contenida, late una historia fragmentada escrita desde el dolor y el desconcierto de una niña republicana que en algunas líneas vuelve a recuperar aquella edad ingenua e insobornable de sus doce años. Pero no excluye que haya otras miradas sobre la Guerra Civil capaces de completar la suya. Por esta obra que podría ser una autobiografía novelada o contada con la agilidad del reportero y la capacidad para la elipsis del poeta, desfilan personajes familiares e históricos. El lector siente cómo cambia la vida de la narradora cuando el churrero ya no es el hombre que pasa a la hora del desayuno con su ristra de churros ensartados en juncos, sino un avión que despierta con bombas a los madrileños. El lector ve a esta niña que madura en tres años de espanto. Pero el testimonio novelado de Medina-Navascués va más allá del odio y de la melancolía. Siendo terrible lo que recuerda, derrocha lucidez y cierto humor liberador. Con mezcla de fe y escepticismo en el ser humano, reivindica una memoria no traicionada y no excluyente.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 19 de agosto de 2006