Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Reportaje:La recuperación de la memoria histórica

Tumbas bajo la carretera

Hace años que Raquel intenta exhumar a su abuelo fusilado y sepultado bajo la N-I

San Sebastián
La recuperación de los restos de quienes fueron asesinados en carreteras y caminos, sin juicio ni defensa, durante la Guerra Civil española se ha convertido en un objetivo vital para miles de descendientes de los represaliados. Entre ayer y hoy, por ejemplo, se enterrarán en Hornillos de Cerrato (Palencia) y en Santa Inés (Burgos) los cuerpos de 20 republicanos, la mayoría albañiles y labradores, asesinados en 1936 y cuyos cuerpos fueron exhumados e identificados recientemente. Pero las historias de represaliados, de búsquedas incesantes se van acumulando, mientras la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica sigue localizando fosas. A partir de la semana que viene abrirá siete en Galicia, Toledo y León.

El 29 de octubre de 1936, cuando Ana de la Concepción fue a llevarle comida a su marido a la cárcel de Vitoria, sintió que su vida se desintegraba en cuestión de segundos. "Señora, Hermenegildo Martínez de Zabarte no está". Al padre de sus tres hijas, militante socialista detenido tres meses antes por los requetés, lo habían fusilado. Lo cuenta hoy, 70 años después, su nieta Raquel Romero. "A mi abuelo lo mataron de un balazo, a mi bisabuela, un mes después, de tristeza, y a mi abuela... Mi abuela tuvo que buscarse la vida como pudo para sacar adelante a sus tres hijas". La familia siempre supo que debía buscar a Hermenegildo por Pancorbo. Todos los rumores conducían hacia esa zona. Y hace unos años, ya fallecida Ana de la Concepción, su nieta decidió hacerle un regalo. "Quise encontrar sus restos. Pensé: ya que no estuvieron muchos años juntos en vida, que lo estén al menos ahora".

Raquel comenzó a tirar del hilo, primero en solitario, luego, de la mano de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica. Gracias a varios informantes, localizó la fosa. Su abuelo está enterrado en Ameyugo, bajo el kilómetro 306 de la N-I (Madrid-Irún). Una ampliación de la carretera dejó condenada su tumba y la de otras seis personas en 1961. Técnicamente, dice, es casi inviable recuperar sus restos. Ya lo han intentado una vez sin éxito. "Sentimos frustración, impotencia. Sabemos más, es verdad, pero no podemos cambiar la historia. Lo único que nos quedaba eran los huesos de mi abuelo y nos lo arrebatan".

El fantasma de la Guerra Civil sigue persiguiendo a muchas familias como la de Raquel. Con la llegada de la democracia surgió un primer movimiento social para la recuperación de la memoria histórica y comenzaron a abrirse fosas pero el tejerazo dejó todo en suspenso. Hasta que los nietos comenzaron a rastrear la historia de sus abuelos. Sólo en el País Vasco se han atendido 450 solicitudes de investigación desde 2002 gracias a un acuerdo entre el departamento vasco de Justicia y la Sociedad de Ciencias Aranzadi, que se encarga de las exhumaciones.

La mayoría no pretende exhumar a sus fusilados, sólo saber dónde están. La de Raquel sí siente esa necesidad y el equipo de Aranzadi, implicado en 2000 en la apertura de la primera fosa -en Priaranza del Bierzo, León-, trata de satisfacerla. Hasta la fecha ha descubierto 20 fosas, pero sólo ha exhumado la mitad. En Elgeta hallaron nueve cuerpos. Tres eran soldados, el resto, "personas que se rindieron en un caserío a las fuerzas franquistas para morir a manos de los moros". Las tres últimas fosas, cada una con un desconocido, las localizó Aranzadi en Deba (Guipúzcoa), en julio. El cuerpo de Hermenegildo, de momento, seguirá bajo la carretera. Dice su nieta que en noviembre pasado "se metió una excavadora para intentar recuperarlo". Pero fue imposible.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 20 de agosto de 2006