La Guerra Civil se libró en numerosos frentes. Uno de ellos fue un piso diminuto situado en el número 442 de la avenida Diagonal de Barcelona. Aquel espacio fue, entre noviembre de 1936 y finales de 1938, la sede de Laya Films, una productora catalana que nació por iniciativa del presidente de la Generalitat, Lluís Companys. La Universitat Catalana d'Estiu, que se celebra en Prada de Conflent, abrió ayer un ciclo dedicado a la memoria histórica del cine republicano. La contienda ya había cumplido cuatro meses y los dos bandos enfrentados sabían que la lucha iba a ser más larga de lo previsto inicialmente. Companys se había dado cuenta de que para ganar una guerra revestida de una carga ideológica tan grande, la República necesitaba librar una batalla diferente de la que se vivía en el frente: la de la propaganda.
Laya Films quedó bajo supervisión del Comisionado de Propaganda, dependiente de la Generalitat. Con los pocos medios de que disponía la República, los profesionales que trabajaron en aquella productora tenían la difícil misión de llevar la brutalidad y el sufrimiento de aquella lucha, especialmente en el bando republicano, a un plano diferente del que habían ofrecido la radio y la prensa: el de la imagen. "Aquellos trabajadores creían realmente en lo que hacían", explicó ayer en Prada la catedrática de Historia del arte Encarnación Soler.
En apenas dos años, Laya Films produjo un centenar de documentales. Se conservan menos de la mitad. Cuando la derrota republicana empezaba a ser una realidad, dos camiones salieron de Barcelona cargados con bobinas de película en dirección a Francia. Uno de los vehículos se incendió y se destruyó todo el material. El contenido del otro camión desapareció y nunca ha sido hallado. Las películas que quedaron en Barcelona fueron confiscadas por el Ejército sublevado y depositadas en la Filmoteca Española, con sede en Madrid. En 2001, la Filmoteca Española devolvió todo el material fílmico a Cataluña. Las cámaras de la productora catalana inmortalizaron bombardeos, la vida en la ciudad y en el campo, la reconstrucción de puentes y edificios y hasta bodas y fiestas populares.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de agosto de 2006