Leemos estos días en los periódicos titulares como "nuestros embalses están en su nivel más bajo desde 1996", "España es el país con la gestión de agua más desastrosa" o "Narbona acusa a Murcia y Valencia de derrochar agua en plena sequía". A ese despilfarro contribuimos todos (políticos, empresarios y ciudadanos de a pie): se siguen construyendo campos de golf, se edifican chalés con piscinas individuales, regamos nuestros jardines (en donde predomina incomprensiblemente el césped) con abundante agua potable y seguimos sin reutilizar las "aguas grises" (aguas provenientes de fregaderos, bañeras, lavadoras y otros usos).
Pero hay noticias esperanzadoras: el Valencia CF ha jugado recientemente un partido de fútbol en Salzburgo en un estadio con césped artificial. No es ninguna broma. Aunque en Austria llueva mucho los austriacos derrochan sentido común que va calando, aunque anecdóticamente, en algún municipio español como Elche, donde llevan utilizando, desde hace tres años, césped artificial en la jardinería pública.
Es claramente inadecuado y una falta de responsabilidad plantar césped natural en un país como el nuestro, donde el agua es un bien escaso. En nuestras manos está la decisión de ir sustituyéndolo por césped artificial.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 22 de agosto de 2006