Todos los miembros de ONG y de organizaciones internacionales que trabajan en el sur de Líbano coinciden en que hay restos de bombas de fragmentación por todas partes en las zonas más machacadas por Israel. Cuatro niños resultaron heridos ayer, según la agencia oficial libanesa, cuando jugaban con uno de esos explosivos, que han matado a 12 personas desde que empezó la tregua hace dos semanas.
Los obuses de fragmentación, cuyo uso contra poblaciones civiles está prohibido por las convenciones internacionales, estallan en el aire y lanzan cientos de pequeñas bombas que quedan esparcidas por todas partes: algunas estallan, pero la mayoría se convierten en minas.
"Creo que no está habiendo más víctimas porque la mayoría de los niños todavía no han vuelto", explica Ricardo Sole Arqués, un médico español que trabaja como experto en salud para la ayuda de emergencia de la Comisión Europea. "Es un problema enorme cuya dimensión resulta todavía difícil de cuantificar, pero hay realmente por todas partes", agrega.
La ONU ha encontrado, por ahora, este tipo de explosivos en 288 localizaciones diferentes. En algunos lugares, como Aita el Chaab, se encuentran en la misma plaza del pueblo. También quedan miles de bombas por explotar de todos los calibres y tamaños: su desactivación es una de las prioridades de los refuerzos de las tropas internacionales.
* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 28 de agosto de 2006