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Crítica:

Defensa del lirismo

Este libro descubre a una escritora clave de la literatura francesa como Martine Broda, prácticamente desconocida en España. La poeta y ensayista defiende en esta obra la poesía amorosa, a través de varios autores, como parte sustancial del lirismo.

La traducción al español de este ensayo, publicado en París por la editorial José Corti en 1997, es un acto de osadía poética, pues introduce por primera vez en nuestro ámbito cultural el nombre de Martine Broda, acaso el más secreto e indispensable de la poesía francesa contemporánea. Martine Broda, autora de una vasta obra de poesía y ensayo, y la primera traductora al francés de Paul Celan y Nelly Sachs, afirma en El amor al nombre, con vigor y sin ambages, su intención: "... deconstruir la doxa en la que estamos instalados y cuyas consecuencias me parecen costosas". Según Broda, es responsabilidad de la vanguardia francesa de la década de los setenta del siglo pasado haber inaugurado "un auténtico terror contra el lirismo" que podría tener que ver con la "famosa crisis del sujeto" y sus enunciados del "yo aborrecible" y la "muerte del autor", acarreando con ello un rechazo de la poesía y del lirismo.

EL AMOR AL NOMBRE. ENSAYO SOBRE EL LIRISMO Y LA LÍRICA AMOROSA

Martine Broda

Traducción de Miguel Veyrat

Losada. Madrid, 2006

244 páginas. 17 euros

Procede, pues, a analizar la cuestión que plantea el lirismo, que no es otra que la del deseo, "a través del cual accede el sujeto a su carencia de ser fundamental". Por eso, nos dice, "lo esencial del corpus de la poesía lírica está constituido por la poesía amorosa". Y consigue demostrarlo a través de la inteligente lectura que despliega, en veinte capítulos, de ese corpus enamorado, desde los trobadours pasando por Dante, Petrarca, Maurice Scève y Nerval para centrarse en Pierre Jean Jouve, Louis Aragon, Rainer Maria Rilke y Marina Tsvétaieva en el siglo XX. Apoya su reflexión en el psicoanálisis, especialmente el pensamiento de Jacques Lacan, así como en las teorías de Walter Benjamín, fundamentales para pensar en nuestra enigmática condición humana.

Como señalé al comienzo, la

publicación de este libro es un acto de osadía en el ámbito literario español que, salvo alguna que otra excepción -entre las que destaca la valentía poética del último Pere Gimferrer-, persiste en lo mismo que Broda achaca a la poesía francesa: "Perder contacto con su público a medida que renuncia a toda dimensión existencial, ética y de destino"; porque la poesía no puede, "a riesgo de perderlo todo", cortar "el vínculo del lenguaje con el sentido y el deseo".

Una injusticia, sin embargo, empaña esta fiesta de lectura, y es la que esta edición comete con el lector español: acaso por pereza o descuido editorial omite el índice onomástico, deja pasar "calcos" del francés, que en más de una ocasión entorpecen la lectura, y, existiendo como existen traducciones al español de gran parte de los poemas citados de Rilke, Tsvétaieva, Dante o Petrarca a partir de sus idiomas originales, opta por el fácil recurso de traducir las traducciones al francés utilizadas por Broda.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006

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