Selecciona Edición
Selecciona Edición
Tamaño letra
Crítica:

Críticos por amor a la literatura

Marcel Reich-Ranicki es el más reputado estudioso de las letras alemanas. En este ensayo repasa la obra de escritores y críticos como Goethe, Lessing, Heine o Mann.

El crítico literario más famoso de Alemania se llama Marcel Reich-Ranicki. Judío nacido en Polonia (Wloclawek, 1920), cuando sólo contaba nueve años lo enviaron a estudiar a Berlín -"vas al país de la cultura", le dijo su maestra-, allí fue a la escuela y al instituto y aprendió a amar la lengua y la literatura alemanas, además de la música y el teatro. Cuando se disponía a estudiar germanística los nazis lo deportaron al gueto de Varsovia; tras incontables sufrimientos y humillaciones, él y su esposa, Tosia, lograron sobrevivir. Reich-Ranicki supo distinguir bien entre Hitler y Goethe, por lo que ni los horrores padecidos durante la guerra ni una posterior temporada en el Servicio de Inteligencia del Ejército Rojo (ahí se desengañó de la utopía comunista) le impidieron realizar su sueño: dedicar su vida a la literatura en alemán.

LOS ABOGADOS DE LA LITERATURA

Marcel Reich-Ranicki

Traducción de J. L. Gil Aristu

Galaxia Gutenberg/Círculo

de Lectores. Barcelona, 2006

492 páginas. 27,50 euros

En 1958 se trasladó a la República Federal de Alemania y pudo vivir de lo que le gustaba: leer sin descanso, deleitarse, meditar y escribir sobre lo leído. Fue autodidacta, pues nunca pasó por la universidad ni obtuvo un título en germanística -los doctorados honoris causa y los premios literarios llegarían años más tarde-. Trabajó en Die Zeit como reseñador y después dirigió durante un decenio la sección literaria del Frankfurter Allgemeine Zeitung. Aunque la cima de su popularidad la alcanzó a través de la televisión. El cuarteto literario, un programa de crítica de libros, entusiasmó a millones de telespectadores desde 1988 hasta 2001 bajo el lema: "Hablar de buena literatura también puede ser entretenido". Reich-Ranicki, con su vehemencia expresiva y sus juicios inapelables, elogiaba y recomendaba obras de autores clásicos y modernos o destrozaba otras sin miramientos: a Günther Grass, por ejemplo, jamás lo soportó, y Reich-Ranicki -"el señor de los libros"- llegó a aparecer en la portada de Der Spiegel despedazando un mamotreto del premio Nobel: "Prosa vana, aburrida e ilegible".

En 1999 Reich-Ranicki alcan

zó la gloria: su autobiografía Mi vida (en España, Galaxia/Círculo) fue un éxito de ventas. Además de narrar su tremenda experiencia en el gueto y sus interesantes entrevistas con figuras literarias, el crítico proclamaba sus principios. "Sin amor a la literatura no puede haber buena crítica", escribía; y también: "Es precisamente esta a veces gigantesca pasión por la literatura la que empuja al crítico a ejercer su profesión y también la que lo disculpa frente al público lector cuando se vuelve antipático". Y es justo a los lectores y no a los escritores y editores a quienes apunta la crítica, mediadora entre éstos y la creación literaria. El crítico, siempre algo pedagogo, debe conducir a los lectores por el camino del "buen gusto", animarle no a "soportar" la literatura, sino a disfrutar con ella, y se disfruta con lo mejor.

Reich-Ranicki, amante confeso de la literatura, goza con ella y con el "noble amorío" que es la crítica (Friedrich Luft) ejerciéndola con suma independencia, libre de prejuicios, confiado en su propio gusto literario y en el placer o displacer que le depara lo que lee. De verbo acerado y expresión clara, sus juicios conducen siempre a lo sustancial, tal como demuestra en sus artículos y en sus libros. De entre estos últimos contamos en castellano sólo con Thomas Mann y los suyos (Edhasa) y Siete precursores -que recoge textos sobre Musil, Brecht, Kafka o Schnitzler-; también con un título agotado sobre Heinrich Böll (Alfons el Magnànim), aparte del ya mencionado Mi vida.

En Los abogados de la literatura (1994), Reich-Ranicki reúne 23 artículos y reseñas críticas acerca de autores que fueron también críticos profesionales o sobre grandes escritores en lengua alemana en cuya obra la crítica desempeñó un papel importante. Aparte de a Goethe, a quien dedica unas páginas porque nunca soportó a los críticos y acuñó unos versos mortíferos harto citados -"¡Matad a ese perro! Es un reseñador"-, Reich-Ranicki recuerda a otros tantos abogados de la literatura y el teatro alemán, a estos críticos por amor al arte literario. Dedica lúcidos ensayos a los clásicos Lessing y Friedrich Nicolai, iniciadores de la crítica profesional y de la vida literaria en Alemania; a Heine, Börne o Schlegel, quienes también se implicaron a fondo en defensa de las letras durante la época más salvaje de la literatura alemana. Trata de Fontane y Thomas Mann -quien sólo sabía hallar en las obras de los demás referencias a sí mismo-, del sobrevalorado Walter Benjamín -"reseñador chapucero y fatal"-, lo mismo que de autores más actuales como Golo Mann, Friedrich Luft, Hilde Spiel, Walter Jens, Joachim Kaiser o Hans Mayer y Martin Walser. Sobre todos ellos escribe Reich-Ranicki con reverencia, pero también con acusada rebeldía polémica cuando observa algo que le disgusta.

Otros críticos excepcionales de los que se ocupa el libro son los periodistas Alfred Kerr, Moritz Heimann, Kurt Tucholsky y Alfred Polgar , verdaderos ídolos de Reich-Ranicki. Sus reseñas y artículos cosecharon éxitos de público en la Alemania del periodo de entreguerras, y de ningún modo deben ser considerados autores de segunda fila en el ámbito de las letras germanas. Les dedica apasionados ensayos, amenos en su diversidad, plagados de anécdotas, paradojas y agudos golpes de efecto.

En resumidas cuentas, este volumen seducirá a cuantos gustan de la metaliteratura no académica o del buen periodismo cultural, pero también a quienes deseen leer ensayos literarios modélicos, rebosantes de agradecimiento, admiración y vida.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 9 de septiembre de 2006

Más información

  • Marcel Reich-Ranicki